domingo, 8 de abril de 2012

Ojos




Las manchas en mis ojos no son más que pedazos de oscuridad poseyendo mi vista, defino ahora sin tapujo alguno.

Las he contemplado hoy frente a un espejo, segundos interminables en los cuales no dejaba de mirarlas e incriminarlas en silencio. Pequeñas gotas oscuras de palabras no dichas y de lágrimas que se secaron ahí, que se extinguieron al nacer...mares muertos en cinismo premeditado.

Las veo ahora, arraigándose con fuerza a mis dolores; pujan y pujan con sus pequeños filos; extraen...extraen sin cuidado alguno las puertas, las cadenas, los candados y cualquier seguro puesto ahí por mí, para mí. Les veo entonces incitando mis llantos, presionando mis lagrimales y carcomiendo mis párpados.

Siento el asco de la vida subiendo, trepando por mis entrañas hasta llegar a la cumbre de los martirios, la compuerta de toda alma marchita. Entonces mis ojos se rinden, mi alma eleva un ruego mudo.

Lágrimas cálidas se deslizan por entre mis párpados. La negrura de décadas continuas de dolor se disuelven en goteos interminables, insaciables, en llantos desgarradores que no concluyen en nada. Veo ahora en mis ojos la blancura que debiera estar ahí, mi iris oscura y mi pupila dilatada. Ahí está todo. Ya nada grita, ya nada mancha, ya nada existe ahí.

Mis ojos...

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