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martes, 27 de noviembre de 2012
Recuerdos
El gusano inmortal y tacaño se nutre de mí ahora, de la miseria estoica de mi estómago y de las penumbras aterradoras de mis ojos. Vive, se arrastra con la elegancia de la venganza adentrándose fría y mortífera, se sonríe alegre y carcajea con naturalidad. Le siento gelatinoso y repulsivo en mi corazón. Decaigo y su figura engorda con curvas llenas de gula, blancura manchada de sangre que ya no reconozco como mía.
No sale y sólo se mueve contraído, revuelto en roña que llamo recuerdos y que invoco voluntariamente. No hay olvido, no hay perdón.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Mis Pinceles
Hoy tomé mis pinceles, se sintieron en mi palma como objetos extraños, como varillas de madera helada. Se quedaron ahí, juntos e intoxicados por mi puño cerrado. Los miré unos minutos, las manchas de pintura y los pelos desordenados de sus cabezas, el metal oxidado en algunos y la belleza única que puede tener ese objeto querido. Ahí estaban, silenciosos y con el polvo entre ellos.
Me sentí abandonada, alejada...frustrada. Ahí estaban sin uso y yo sin alma para pintar.
Los escondí una vez más, dentro de una tela, dentro de un cajón y una caja. Ahí quedaron, guardados esperandome y acá quedé yo, esperándolos también.
domingo, 19 de agosto de 2012
El arte es largo y el tiempo corto
Vergüenza, es ese
silencio amargo que se posa en mi garganta, de vivir supongo o de
mirar mi reflejo en las paredes luminosas. Abro mis ojos y los obligo
a mirar la caricatura absurda de mi misma en el espejo, rostro
tormentoso que guarda mis secretos.
Desvío mi mirada de
beldades que caminan a la luz del día, con fascinación observo el
fetiche destinado a la belleza de la gente. Algo bello es algo que no
es impuesto por nadie, lo particular, lo excepcional: es el rasgo
único de la costumbre visual. Percepción. Miro con mi sonrisa que
se esfuma, aquella que se torna amarga y sigo sin entender.
Observo sus rostros
armónicos, cabellos lacios o sus cuerpos proporcionados. Mantengo mi
sonrisa para escuchar el comentario. Lo bello no es sino promesa
de la felicidad, dijo una vez alguien con una verdad que ni los
poetas en su fundación se atrevieron a decir tan directamente. Lo
bello, lo sublime de aquel presente que todo hombre ve.
Veo y escucho de
mujeres hermosas, de presencias angelicales que crean pausas en las
realidades visuales de la ciudad. No me puedo sonreír ante el
fetiche a lo bello general, a quienes fueron musas de artistas que
jamás se adaptaron a la modernidad. Puedo mirar con alegría insana
hasta cierto punto y con profunda tristeza por el otro.
No todas las féminas
nacimos para inspirar, para ser musas de la belleza sublime ni
tampoco para ser observadas. Solitario papel juegan algunas, mirando
con angustia y vergüenza la admiración que se produce por otras;
admiración que invade a quienes quieren, a ese alguien que debiera
mirarlas como la belleza particular que son. Absurdos juegos de
palabras, absurdos presentes, absurda sociedad.
Quisiera hablar de mi
caso, pues al ser estas mis palabras, me es imposible no sentir
vergüenza. Lo reconozco, con el corazón contrito, pues como lo dije
al principio, el espejo para mí es una mala forma de mostrar mis
defectos. En cuanto me paro en frente me es imposible no pensar en
las musas renacentistas o en aquel brindis por la belleza que nunca
creí tener. No la tengo. Me es imposible, a su vez, que no me duela
escuchar o ver la admiración por lo general...por aquellas poesías
y múltiples expresiones de arte que nos han inculcado aquel gusto
monstruosamente recriminatorio de nuestros padres occidentales,
aquel parasitismo por las ideas ajenas.
Me detesto entonces,
porque no soy capaz de eliminar por completo esa parte de mí. Esos
recuerdos angustiosos donde me recriminaba, donde otros se burlaban
por mi falta de belleza clásica, por mi falta de belleza en
absoluto. Las palabras quedaron ahí, astillosas, recordándole al
reflejo de mi cara que aquellos rasgos jamás inspirarán nada, ni
siquiera un amor.
Y sin embargo
Baudelaire se mantiene en mí, con sus beldades poco convencionales y
con sus versos a la belleza moderna. Siguen sus palabras ahí,
dedicadas a una percepción que trasciende más allá de la vida
cotidiana en la ciudad. Ojos que vieron el mundo en otros colores,
que pintaron con pasión las curvas imperfectas de una mujer y
supieron ansiar el toque hermoso de un ser, de un individuo
particular a la vez...de aquella belleza pura que jamás podremos
describir.
El arte es largo y
el tiempo corto.
martes, 14 de agosto de 2012
Caras
Pienso historias de un mundo, de un sueño que no describo, de dolores que no han pasado. Pasados, tristes y finales, de personas que han estado ahí. Las caras de quienes me han hecho daño sólo es una, amorfa y perfecta. Es la misma sonrisa simplona y los mismos ojos altaneros, aquella mirada es exacta y todo se reduce a un solo par de ojos gigantes.
Recuerdo las voces de quienes jamás estuvieron en mí, risas muertas en bocas magulladas. Sonrisas que no aparecieron, fuerzas que se esfumaron antes de estirar los músculos. Es mi boca, mi sonrisa que jamás salió frente a esos ojos. Ira, rabia...frustración. Rabia.
Se repite todo, como un sucio Deja vu, como si el mismo recuerdo se devolviera una y otra vez. Mismo rostro mezclado que me insulta...que me recuerda mi posición. Supongo que son sus ojos, tan soberbios y altaneros, llenos de un placer extraño: el sabor agradable de no ser yo.
Ya no está el rostro, sólo es el mío, sólo son mis ojos y mi voz. Soy yo quien me insulta...
martes, 26 de junio de 2012
Miedo a estar solo
Estar
solo es lo peor que le puede suceder al ser humano, incluso al menor de
éstos. Los seres humanos son seres sociables, llenos de palabras para
expresar, de gestos y de sonrisas. Los seres humanos son seres creados
para amar y ser amados. Muy pocos entienden la importancia de las
personas a su alrededor, son tan soberbios que no agradecen la
existencia de otros seres.
Los
seres humanos si saben del terror de estar solos, pero no por toda la
eternidad, ni siquiera entienden este concepto. Me recorre un escalofrío cada vez que
pienso en aquel planeta.
Estudiar
a estos seres es un trabajo de siglos e introducirse en el mundo
interno de un ser humano es imposible. Nada puede traspasar aquella fina
tela que separa al hombre de la inmundicia en la cual vive.
Los
hombres son personas solitarias ya que sus pensamientos no se unen,
dado que sus corazones laten de forma dispar y debido a que sus
actitudes demuestran distintas cosas. Los seres humanos viven encerrados
en su burbuja de tal forma que logran escuchar al silencio y a la
soledad susurrando canciones para dormir.
No
logran ver nada, ni tampoco escucharse entre sí. Ellos viven día a día
representando una obra teatral. Representando su papel de “hombre que
escucha” o de “hombre que ve”, sonriéndose entre ellos y hablando temas
que cambiarán al mundo. Los hombres son unas pobres criaturas que tienen
oídos y no escuchan nada, que tienen ojos y no ven, que tienen ideas
pero no las dicen.
Es
de aquel modo como coexisten, de manera tan superficial que nadie logra
derrotar la soledad del otro, que nadie sale de su propia burbuja para
conocer a otro. Ellos detestan La Soledad, pero sobre aquello, ellos detestan estar solos consigo mismos.
Los
hombres tienen mente propia que les recuerda su propio aislamiento, que
imita el sonido del reloj y que tortura la conciencia. Ellos sienten
temblar sus cuerpos, sienten la falta de aire en sus pulmones y sienten
las lágrimas saliendo por sus ojos, pero también pueden sentir la
necesidad oculta de protegerse y de ocultar la verdad, y es por eso que
el resto deja de existir.
Ellos
son seres fríos, que no critican su propio ser o su raza, que no
abrazan al desvalido o que abren sus corazones. Los hombres se protegen y,
al protegerse, La Soledad les invade; junto con La Locura; junto con La Muerte; y junto con un sin fin de problemas que los hunden.
A
los hombres no les gusta estar solos y es por eso que muchos destrozan
su burbuja e intentan sentir el calor de quienes los rodean. Hay
incontables personas que destrozan su protección y se mantienen
expuestos a cuantiosos dolores, a excepción de La Soledad. Ellos sonríen y ven las cosas tal cual son.
El
resto de las criaturas miran aquella raza en decadencia, en donde cada
vez son menos lo que rompen su protección, y lloran por los hombres. Los
dioses lloran sobre el mundo al ver aquello.
Pero
hay hombres que son felices, se debe agregar. Hay hombres que saben de caridad y de
amor. Hay hombres que no están solos, que tienen a otros hombres a su
alrededor. Hay seres humanos tan gloriosos que la blancura brota desde
sus corazones, que sus sonrisas rompen las protecciones de otros
hombres.
domingo, 8 de abril de 2012
Ojos
Las manchas en mis ojos no son más que
pedazos de oscuridad poseyendo mi vista, defino ahora sin tapujo
alguno.
Las he contemplado hoy frente a un
espejo, segundos interminables en los cuales no dejaba de mirarlas e
incriminarlas en silencio. Pequeñas gotas oscuras de palabras no
dichas y de lágrimas que se secaron ahí, que se extinguieron al
nacer...mares muertos en cinismo premeditado.
Las veo ahora, arraigándose con fuerza
a mis dolores; pujan y pujan con sus pequeños filos;
extraen...extraen sin cuidado alguno las puertas, las cadenas, los
candados y cualquier seguro puesto ahí por mí, para mí. Les veo
entonces incitando mis llantos, presionando mis lagrimales y
carcomiendo mis párpados.
Siento el asco de la vida subiendo,
trepando por mis entrañas hasta llegar a la cumbre de los martirios,
la compuerta de toda alma marchita. Entonces mis ojos se rinden, mi
alma eleva un ruego mudo.
Lágrimas cálidas se deslizan por
entre mis párpados. La negrura de décadas continuas de dolor se
disuelven en goteos interminables, insaciables, en llantos
desgarradores que no concluyen en nada. Veo ahora en mis ojos la
blancura que debiera estar ahí, mi iris oscura y mi pupila dilatada.
Ahí está todo. Ya nada grita, ya nada mancha, ya nada existe ahí.
Mis ojos...
lunes, 30 de enero de 2012
Perdonar
Quizás no deseo aquel silencio en el ambiente, que con aquella enigmática densidad me hace creer en mis temores y visualizar errores que ni siquiera yo debiese recordar.
¿Qué es todo aquello? La injusticia con que mi mente me juzga y me condena es impresionante. No me perdono y algunas veces la vida tampoco.
No puedo perdonar mis múltiples faltas, ni mis carencias, ni mis pensamientos malos, ni siquiera las acciones que pensé en cometer y que no hice. No sé perdonarme...quizás tampoco quiera hacerlo. Es más fácil no perdonarse, pienso algunas veces ya que de ese modo no tengo que vivir pensando que cometeré el mismo error. Sé que es insano, sé que terminará matando mi conciente y sé, en el fondo de mi corazón, que me desgastaré hasta quizás explotar.
Quizás perdirme perdón a mi misma es más dificil...es recordar cosas que están ya pegadas a mi corazón, adheridas y aceptadas.
No sé si quiera limpiar heridas que ya cerraron mal.
¿Qué es todo aquello? La injusticia con que mi mente me juzga y me condena es impresionante. No me perdono y algunas veces la vida tampoco.
No puedo perdonar mis múltiples faltas, ni mis carencias, ni mis pensamientos malos, ni siquiera las acciones que pensé en cometer y que no hice. No sé perdonarme...quizás tampoco quiera hacerlo. Es más fácil no perdonarse, pienso algunas veces ya que de ese modo no tengo que vivir pensando que cometeré el mismo error. Sé que es insano, sé que terminará matando mi conciente y sé, en el fondo de mi corazón, que me desgastaré hasta quizás explotar.
Quizás perdirme perdón a mi misma es más dificil...es recordar cosas que están ya pegadas a mi corazón, adheridas y aceptadas.
No sé si quiera limpiar heridas que ya cerraron mal.
miércoles, 25 de enero de 2012
Vomitar el alma
Vomitar el alma
Madrugada de un nuevo año, de las
vísperas de las decisiones a futuro, de el si o el no. Nuevo año y
aquí me encuentro. Viendo los segundos pasar y el cansancio
pegándose una vez en mi alma. Comienza el tiempo a correr una vez
más y sólo me pregunto cuánto tardaré esta vez en echarlo todo a
perder dentro mío.
Desde que tengo me memoria soy capaz de
razonar, de analizar cada pensamiento que se me aparece entre mis
pesadillas. Temía a la oscuridad, no podía dormir por las noches
pensando que algo negro se apoderaba del ambiente...ahora me doy
cuenta que lo es todo. La oscuridad, noche tras noche se fue pegando
a mi entrañas, entre mis párpados, en la punta de mis dedos, en mi
boca. Poco a poco puedo comprobar pequeñas manchas de inmundicia en
mi ser entero. Suciedad que pesa, que rasguña y quema; lo hace todo
a la vez sin reproche alguno, sin recibir quejas ni sobornos.
Temía a que me abandonaran, no podía
vivir pensando que la gente a mi alrededor desapareciera...pero ya lo
hace. El sentimiento de perdida fue genuino las primeras veces, lloré
sin consuelo alguno por mis primeras pérdidas. Incluso prometí no
aferrarme mucho a nada, no tener un principio y por ende no habría
final, pero no resultó. Sigo queriendo, sigo necesitando del
consuelo ajeno, sigo buscando ese afecto perfecto y es por aquella
razón que sigo perdiendo. Soy la desesperada de las palabras, las
que todo lo tuvo y todo lo perdió.
Solía sentir pánico cuando pequeña.
Muchas cosas me producían dolor: que mi madre me mirase con aquel
rostro de decepción y que mi padre llorase por mis culpas, producir
problemas, producir discusiones...quería cambiar todo lo malo que
estaba en mí, pero no lo logré. Sigo decepcionando a mis padres,
sigo produciendo problemas y discusiones. Y cuando comienzo a razonar
sobre lo que hice para mejorar aquella situación, me doy cuenta de
que no hice nada...que me quedé hundida en mí misma. Me duele y el
dolor me produce miedo, pánico porque no sé cuánto durará...cuánto
tardará en marcharse.
Cuando los años fueron pasando, sólo
fui capaz de hacerle frente al tiempo y decirle que me dé una
oportunidad y desde la primera vez que lo hice ya van 17 fallos y 18
nuevas peticiones al tiempo.
Deseo entonces, no vomitar esta alma.
Mi alma se envejece y muere, tras morir vienen las nauseas
inexplicables o, mejor dicho, la sensación de tener algo muerto
dentro mío. Y simplemente la disuelvo, primero con pequeños
espasmos de pensamientos suicidas abruptos y luego un torrente de
lágrimas que terminan por sacarlo todo afuera. En esos días no
siento nada, soy como un cadáver sin luz dentro, sin brillo en los
ojos...sin sombra siquiera.
Y entonces aparece nuevamente.
El tiempo me da la oportunidad una vez
más. Comienzo a respirar y a equivocarme una vez más. Muchos lo
llaman Depresión Mayor, yo lo llamo perder el alma.
miércoles, 12 de octubre de 2011
Ese sueño romántico que nunca fue...
-->
Y aunque nada
existiese, aunque nadie sintiese...aun cuando todo fuese tan confuso
y hostil, yo seguiría anhelando algo más allá de lo que me pueden
dar, más allá de lo que alguien está dispuesto a dar. No quiero la
humanidad, el raciocinio clarividente del humano.
No quiero frases,
no quiero palabras, no quiero acciones: quiero pensamientos. Quiero
estar dentro, entrelazada, profundamente adherida a una persona y que
esa persona pudiese hacerme sentir suya. No quiero estar fuera nunca
más, ni tampoco sobre...quiero estar en las entrañas, en la sangre,
en cada célula ¡En cada respirar!
sábado, 6 de junio de 2009
viernes, 10 de abril de 2009
La sepultura

La sepultura
Camino por las calles con desquiciada frugalidad, como si previese la maldad que me rodea y pudiese sentir las trampas del pesimismo entre mis pasos. Mis pies se arrastran por el cemento y el ruido pareciese estar aquejado con su voz quebradiza. Me han pedido que vaya a tu casa: aquella que está construida desde antes que nacieras, y estando tú dentro, La Muerte te encierra.
Voy caminando hacia tu sepultura. El pasto y la hierba entorpecen mis pies. Sí, resbalo muchas veces por el camino y caigo. El sol está decaído, pienso retraídamente. Sus exhalaciones se ahogan entre las vaporosas nubes grises, y es ahí en donde puedo sentir su grandeza tétrica abrazándome con complicidad.
Me han dicho que La Muerte te ha secuestrado; que aquella muchacha irrespetuosa te ha golpeado hasta que te rendiste. Me han dicho que te has rendido: que te has ido. No consigo creer semejante improperio.
Muerto, ¿es acaso aquella palabra la causante de todo? ¿Eres ahora compañero de La Muerte ? Después de todo, llevas su malévolo apelativo. Estás muerto, me dicen.
Desapareciste un ocho de marzo; once semanas exactas desde que te acaricié por última vez. Estamos a veinticuatro de mayo; once semanas desde la última vez que mis ojos trémulos te miraron. Setenta y siete días exactos han pasado desde tu desaparición. Todos se preguntan el porqué: el por qué no lloro, no sufro o me veo melancólica.
Es por eso que me han enviado aquí. Han adquirido para mí un ramillete de rosas no arrulladas por color alguno. Blancas, tan blancas que se parecen a La Muerte.
Mis manos estrangulan las ramas llenas de puntas y puedo sentir aquellos aguijones rompiendo mis manos. Sólo es sangre, murmuro mientras me voy acercando a tu hogar. ¿Tendrás una vasija allí para guardar mis flores?
Mis ojos anticipan la horrorosa visión de tu cuerpo pudriéndose. Mi imaginación se centra en ti y La Muerte , fornicando en tu habitación. Me lastima el corazón en pensar en que ya no me quieres.
¿Es así, amor mío?, pienso con malestar al llegar a tu número, a tu dirección: a tu casa. Tu hermoso nombre adorna aquella piedra en el suelo.
—Veintitrés de Abril de mil novecientos ochenta y siete—leo la primera línea de tu sepultura—, al ocho de marzo del dos mil nueve—. Termino leyendo entre susurros ahogados.
Los números están ahí. Tu nombre está allí. El verdor, el ambiente, el sol enfermo y el tiempo afanoso están ahí. Todo está allí, excepto tú.
Los huesos, filamentos y las carnes internas se doblegan y caigo de rodillas. Mis brazos extendidos sostienen mi cuerpo del desmayo. Mis manos se hielan al palpar aquella impávida lápida. Mis dedos se enroscan con desesperación y mis nudillos emblanquecen. Mi rostro cae en tierra y la espantosa desesperación me agobia.
Setenta y siete días sin ti caen sobre mis espaldas y mis fuerzas se escabullen por los ojos. Mi mente trabaja desesperada, sintiendo la verdad llegando a mí.
Setenta y siete días sin tu amor. Once semanas sin llorar.
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