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sábado, 26 de octubre de 2013

Está viva



Es una noche silenciosa. Sé que esto que se agarra con exceso de fuerza a mi corazón son sólo sentimientos antiguos, esta herida que nunca cierra. Sé que quizás debiera hacerme más fuerte, quizás llorar, quizás sufrir audiblemente, pero esta noche sólo puedo mirar el cielo, sin estrellas, ver los árboles quietos y las ventanas iluminadas.

No puedo gritarle a la luna ni quejarme con mi estrella, no puedo pedirle a los astros que me hagan desaparecer. No tengo voz, ni siquiera la energía para hacer de estas palabras un texto memorable. No hay nada en mí que indique energía, que diga "está viva".

Esta es la quietud de mis ideas, la tormenta en mi corazón. Escribo, pero ciertamente hay algo muerto dentro de mí, algo muerto que se desliza por mis mejillas; sangre negra que emerge de mis ojos, que brota de mi corazón. Odio, rencor, cansancio.

Cansancio que ciertamente existe, le siento.

Está viva, lo sé.

jueves, 10 de octubre de 2013

Acerca de un pesadilla repetida


Nunca nadie sabe cómo llega a un sueño y, en mi caso de las pesadillas, sólo sé que vengo de algo rutinario y común en mi día. Yo todos los días tomo el metro desde el instituto a casa.

Esta vez quizás no recuerde cómo empezó todo, pero sé que iba en el metro y de repente abren las puertas y siento que ya me debo bajar. La estación del metro, de repente, se me hace ajena. Miro el metro para saber si por lo menos realmente iba en un metro. Cuando me doy vuelta me percato que iba en un tren antiguo y que había llegado a una estación de trenes dorada.

El anden caía como resbalín hacia abajo y se entrecruzaba. El piso era de madera brillante y pulida en exceso y, sin moverme aún, veía cómo la gente se resbalaba y comenzaba a deslizarse hacia abajo. Algunos chocaban con otras personas y otros simplemente desaparecían. Yo llevaba mi mochila en la espalda y me la saqué. Decidí que, para evitar caerme mas adelante, lo mejor sería sentarme y deslizarme. Me puse la mochila arriba de las piernas y comencé a descender rápidamente por el andén.

Veía que mucha gente que estaba de pie tenía en sus zapatos restos de cosas. Algunos tenía bolsos rotos, libros, ropa enrollada  y yo pasaba por el lado mirando atentamente. En un momento siento que mi mochila se resbala de mis manos y veo cómo empieza a caer rápidamente por el anden. A pesar de haber muchas personas detenidas de pie, mi mochila no chocó en ninguna. Sin pensarlo mucho me impulse y decidí tomar más velocidad.

Me percato que ahora en los pies de la gente yacen enrollados cuerpos de personas que chocaban. Tras el impacto siento miedo e intento frenar, pero no lo consigo y al siguiente momento me estrello contra una persona de aspecto cadavérico que estaba a un lado del anden acostado. Era un anciano grande y huesudo con aspecto moribundo. Al momento del impacto mi cuerpo queda enrollado en el de él.

Cuando intento liberarme el moribundo abrió unos ojos gigantes y me miró fijo. Yo aterrada intento separarme de él.

Cada vez que intentaba levantarme del piso me resbalaba y sentía que mis piernas fallaban. Me arrastré entonces hacia el borde del anden y me levanté.

Con el corazón oprimido y asustado intenté subir nuevamente. El piso de madera brillaba en ascenso como una pared imposible de traspasar. Daba tres pasos y volvía a resbalar, veía mi cara en el piso y ciertamente no era yo, no era mi cuerpo, no era mi ropa. Quería salir. Me levantaba una vez más y observaba el anden.

En los bordes habían empotrados mausoleos y las paredes eran como de cementerio. Había muchas estatuas que se desparramaban en el anden hacia abajo. Estatuas de gente en pie que miraba hacia los rieles del tren. Un tren de madera llegaba y tiraba en el anden cadáveres que yacían de maneras amorfas junto a las estatuas plomas.

Decido afirmarme de la pared para subir y comienzo una cansadora escalada. Camino y camino y sé que no debo detenerme.

No me detuve más.


miércoles, 3 de abril de 2013

Una vez y otra




Se repite. El silencio abrumador que sentencia mis pensamientos al pitido angustioso de la vida, la vuelta a casa que comienza lentamente una vez más, las palabras y los agradecimientos, las mismas caras, los mismos gritos acusadores, las mismas sonrisas, yo misma sin cambios ni mutaciones. Se repite.

En esta blancura, negación de todo cuanto soy, me adormezco. Sumida en nutrir esta miseria, alimentando con secretismo la auto-compasión que mis ojos absorben y negando cualquier indicio de debilidad. No hay trizas en mi piel, no hay manchas en mis ojos...todo sigue inmutable. La vida corrompe mis venas y las intenta llenar del positivismo absurdo del cual me he aferrado siempre. Se fuerza en mi cara una sonrisa y vuelvo a buscar a la gente y vuelvo a confiar y, por supuesto, vuelvo a caer y vuelvo a esconderme una vez más.

¿Cuándo rendiré mi espíritu? El instinto de sobrevivencia sugiere que sea ahora, pero estas ganas irremediables de soñar se me arraigan y vuelvo a sufrir. Vuelven los tormentosos sueños donde la felicidad se me clava en el alma, en donde no estoy averiada...en donde esta tristeza replicada en mi sangre ya no existe.

Ríos de sangre tendrían que pasar, pasaron más bien, sin nada más que arrepentimiento.

viernes, 15 de febrero de 2013

Esta vieja herida...



El aullido insoportable de esta pena me recorre una vez más. Camina rápido hinchando tentativamente mis venas, le siento sonreír en mis ojos al sentir mi boca seca, llena de esta sed de sufrimiento mío. La pena me asedia, abre con prontitud la vieja herida dormida y, con la contrariedad de mis ansias, le disfruto con pavor.
No hay sangre, sólo el líquido metálico de un alma sin rumbo, el sonido vacío de hierro duro castigado y sin moldear. Es esta herida me repito, que me arde en la garganta, este grito que ahogo con todas mis fuerzas, las palabras que nadie dijo y sin embargo mi recuerdo las repite. Llaga sin punto fijo que guardo, que me guarda, sin descanso y sin perdón.
Es la conciencia de esta pena eterna, que nunca me atacó, que siempre estuvo allí. He de saber, antes de olvidar una vez más, ¿cuánto durará esta vez la idea de ser feliz? ¿Cuánto tiempo olvidaré que yo soy esa pena, que no hay separación…que es imposible sanar?
Todas mis conclusiones se deforman en mis ojos, lo sé, pues es ahí donde el monstruo carcome la realidad y la presenta grosera, sin la formalidad de la verdad. Son mis ojos, y me duele, los que sin un pestañeo intentan encontrar a alguien que los magnifique un poco y me salve de la roña que me llena. Estos ojos, que con dolor consumen una y otra vez ese algo que jamás tendré. ¡Mis amados ojos! que adoloridos desean ser vaciados de la monstruosidad de la vida.
No hay delicia en este odio, sólo el banal placer de escribirlo.

viernes, 25 de enero de 2013



El odio habita en mis ojos, tras bastidores y sin ser notado por extraños. Sucumbe al escuchar desconocidos residiendo mi mirada y reaparece ahora. Tortuoso me susurra armonías sombrías y mis ideas fúnebres reviven del polvo, danzan lúgubres, aterradoramente vívidas hacia mí. Me vomitaría a mí misma, mi odio se repudia así como mi alma repudia mi cuerpo. No hay paz en los silencios, sólo poesía que no debiera salir jamás…

Este es mi odio, ahora, ardiendo en las cicatrices que tanto deseo olvidar en compañía de otros. Agente que en las sombras de mi propio reflejo me ataca, me marca la piel como señal de pertenencia. Aquel odio me habita en los recuerdos, me posee en noches como estas y creo ser el licántropo sin luna para vivir, el aullido solitario que se escucha con temor, el monstruo natural que ataca…que envenena.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Repetidas veces


Mis pesadillas son irreales, son hechos o lugares que no existen; son acciones no vistas e incoherencias imposibles. Nada existe ahí. Voces, gritos, palabras, rasguños...nada. El terror de la razón al despertar es lo que me dice esto.

Sin embargo se sienten así, aterradoras desde arriba, reales mientras mantengo los ojos cerrados y amenazadoras en el momento de su nacimiento.

Esta fue una pesadilla que se me repitió una semana entera y que ya no se va de mi cabeza. Era la altura, nauseas; eran las personas abajo. Era yo, sentada arriba intentando equilibrarme.

Tenía la boca encintada y sólo podía ver. Yo me había encintado la boca al subir y no recordaba mi decisión, no se me venía a la memoria el recuerdo concreto sino sólo el sabor a pegamento en mi lengua.

Era la altura, abrumadoramente exagerada. Me veía a mi misma pendiendo de cadenas. Veía abajo y no recordaba mi decisión sobre las cadenas, no entendía cómo despierta había tomado la determinación de colgarme en altura y amarrarme la boca para no gritar.

Sabía que esas cosas las había hecho despierta, con los ojos puestos en la luz y con la mirada en mi propia conciencia. Me había encerrado, aislado, encadenado y silenciado. En mi pesadilla lo sentía así, como la traición de la razón una vez más dentro de mis sueños.

Despertaba al cortar las cadenas. Era el golpe en el polvo, en el suelo helado, glacial. Era mi mandíbula rota, desparramada. Era mi cuerpo desarmado y el miedo circulando por mis venas libre...irreverentemente libre.

domingo, 19 de agosto de 2012

El arte es largo y el tiempo corto




Vergüenza, es ese silencio amargo que se posa en mi garganta, de vivir supongo o de mirar mi reflejo en las paredes luminosas. Abro mis ojos y los obligo a mirar la caricatura absurda de mi misma en el espejo, rostro tormentoso que guarda mis secretos.

Desvío mi mirada de beldades que caminan a la luz del día, con fascinación observo el fetiche destinado a la belleza de la gente. Algo bello es algo que no es impuesto por nadie, lo particular, lo excepcional: es el rasgo único de la costumbre visual. Percepción. Miro con mi sonrisa que se esfuma, aquella que se torna amarga y sigo sin entender.

Observo sus rostros armónicos, cabellos lacios o sus cuerpos proporcionados. Mantengo mi sonrisa para escuchar el comentario. Lo bello no es sino promesa de la felicidad, dijo una vez alguien con una verdad que ni los poetas en su fundación se atrevieron a decir tan directamente. Lo bello, lo sublime de aquel presente que todo hombre ve.

Veo y escucho de mujeres hermosas, de presencias angelicales que crean pausas en las realidades visuales de la ciudad. No me puedo sonreír ante el fetiche a lo bello general, a quienes fueron musas de artistas que jamás se adaptaron a la modernidad. Puedo mirar con alegría insana hasta cierto punto y con profunda tristeza por el otro.

No todas las féminas nacimos para inspirar, para ser musas de la belleza sublime ni tampoco para ser observadas. Solitario papel juegan algunas, mirando con angustia y vergüenza la admiración que se produce por otras; admiración que invade a quienes quieren, a ese alguien que debiera mirarlas como la belleza particular que son. Absurdos juegos de palabras, absurdos presentes, absurda sociedad.

Quisiera hablar de mi caso, pues al ser estas mis palabras, me es imposible no sentir vergüenza. Lo reconozco, con el corazón contrito, pues como lo dije al principio, el espejo para mí es una mala forma de mostrar mis defectos. En cuanto me paro en frente me es imposible no pensar en las musas renacentistas o en aquel brindis por la belleza que nunca creí tener. No la tengo. Me es imposible, a su vez, que no me duela escuchar o ver la admiración por lo general...por aquellas poesías y múltiples expresiones de arte que nos han inculcado aquel gusto monstruosamente recriminatorio de nuestros padres occidentales, aquel parasitismo por las ideas ajenas.

Me detesto entonces, porque no soy capaz de eliminar por completo esa parte de mí. Esos recuerdos angustiosos donde me recriminaba, donde otros se burlaban por mi falta de belleza clásica, por mi falta de belleza en absoluto. Las palabras quedaron ahí, astillosas, recordándole al reflejo de mi cara que aquellos rasgos jamás inspirarán nada, ni siquiera un amor.

Y sin embargo Baudelaire se mantiene en mí, con sus beldades poco convencionales y con sus versos a la belleza moderna. Siguen sus palabras ahí, dedicadas a una percepción que trasciende más allá de la vida cotidiana en la ciudad. Ojos que vieron el mundo en otros colores, que pintaron con pasión las curvas imperfectas de una mujer y supieron ansiar el toque hermoso de un ser, de un individuo particular a la vez...de aquella belleza pura que jamás podremos describir.

El arte es largo y el tiempo corto.

martes, 14 de agosto de 2012

Caras




Pienso historias de un mundo, de un sueño que no describo, de dolores que no han pasado. Pasados, tristes y finales, de personas que han estado ahí. Las caras de quienes me han hecho daño sólo es una, amorfa y perfecta. Es la misma sonrisa simplona y los mismos ojos altaneros, aquella mirada es exacta y todo se reduce a un solo par de ojos gigantes.

Recuerdo las voces de quienes jamás estuvieron en mí, risas muertas en bocas magulladas. Sonrisas que no aparecieron, fuerzas que se esfumaron antes de estirar los músculos. Es mi boca, mi sonrisa que jamás salió frente a esos ojos. Ira, rabia...frustración. Rabia.

Se repite todo, como un sucio Deja vu, como si el mismo recuerdo se devolviera una y otra vez. Mismo rostro mezclado que me insulta...que me recuerda mi posición. Supongo que son sus ojos, tan soberbios y altaneros, llenos de un placer extraño: el sabor agradable de no ser yo.

Ya no está el rostro, sólo es el mío, sólo son mis ojos y mi voz. Soy yo quien me insulta...

lunes, 25 de junio de 2012

III



Dicen que los versos hablan vidas,
pues mi silencio es la estrofa favorita,
el tiempo intermedio en el compás,
aquella astilla enterrada,
el nudo tormentoso del recuerdo,
este dolor que no se me va...

Mi corazón agoniza entre las olas,
marginado se revuelca en el salar...
Rasga el papel con desesperación
¿Será acaso ésto una frase de humillación final?
Pues De verso en verso,
de lágrima en grito;
de llantos en saltos,
es un acertijo que ya no logré descifrar
—mis tiempos mal nacidos
o malnacida soy en el tiempo—
Dicen que los versos hablan vidas,
te lo digo, este es mi verso en tus oídos,
esta es mi lengua escondida,
estos son mis llantos perennes.
Este está es mi mudez, repito como siempre,
una inexistencia interrumpida,
sonidos de ángeles en oídos humanos:
Mi tristeza, sucia e indeseable,
gritos que no salen, palabras que no se escriben,
"socorros" que jamás se encendieron...
mi corazón encerrado en el vacío,
entre dos cuerpos unidos,
entre carnes que no se separarán jamás.

domingo, 8 de abril de 2012

Ojos




Las manchas en mis ojos no son más que pedazos de oscuridad poseyendo mi vista, defino ahora sin tapujo alguno.

Las he contemplado hoy frente a un espejo, segundos interminables en los cuales no dejaba de mirarlas e incriminarlas en silencio. Pequeñas gotas oscuras de palabras no dichas y de lágrimas que se secaron ahí, que se extinguieron al nacer...mares muertos en cinismo premeditado.

Las veo ahora, arraigándose con fuerza a mis dolores; pujan y pujan con sus pequeños filos; extraen...extraen sin cuidado alguno las puertas, las cadenas, los candados y cualquier seguro puesto ahí por mí, para mí. Les veo entonces incitando mis llantos, presionando mis lagrimales y carcomiendo mis párpados.

Siento el asco de la vida subiendo, trepando por mis entrañas hasta llegar a la cumbre de los martirios, la compuerta de toda alma marchita. Entonces mis ojos se rinden, mi alma eleva un ruego mudo.

Lágrimas cálidas se deslizan por entre mis párpados. La negrura de décadas continuas de dolor se disuelven en goteos interminables, insaciables, en llantos desgarradores que no concluyen en nada. Veo ahora en mis ojos la blancura que debiera estar ahí, mi iris oscura y mi pupila dilatada. Ahí está todo. Ya nada grita, ya nada mancha, ya nada existe ahí.

Mis ojos...

lunes, 30 de enero de 2012

Perdonar

Quizás no deseo aquel silencio en el ambiente, que con aquella enigmática densidad me hace creer en mis temores y visualizar errores que ni siquiera yo debiese recordar.

¿Qué es todo aquello? La injusticia con que mi mente me juzga y me condena es impresionante. No me perdono y algunas veces la vida tampoco.

No puedo perdonar mis múltiples faltas, ni mis carencias, ni mis pensamientos malos, ni siquiera las acciones que pensé en cometer y que no hice. No sé perdonarme...quizás tampoco quiera hacerlo. Es más fácil no perdonarse, pienso algunas veces ya que de ese modo no tengo que vivir pensando que cometeré el mismo error. Sé que es insano, sé que terminará matando mi conciente y sé, en el fondo de mi corazón, que me desgastaré hasta quizás explotar.

Quizás perdirme perdón a mi misma es más dificil...es recordar cosas que están ya pegadas a mi corazón, adheridas y aceptadas.

No sé si quiera limpiar heridas que ya cerraron mal.

martes, 5 de abril de 2011

Las cosas que no son...



Un viaje lejos, quizás cruzando el gran charco. Un viaje a la luna, o mejor, la luna en mis manos. Un viaje por mi mente, mis pensamientos ennegrecidos, desteñidos quizás. Pensamientos que no son, que no están ahí aún...que quizás nunca llegarán a concretarse.

Volar. Sí, volar en mi mente. No soñar: ¡volar! Sentir el aire rasgando y sacando los poros de mi piel: desapareciendo lentamente en confusión. Volar y desaparecer en mis pensamientos, en el cielo o en donde sea. Volar y sentir que todo lo puedo hacer. Quizás drogas: quizás alcohol; quizás tabaco o sexo...quizás tú.

Sonreír. Torcer mis labios lentamente, estirarlos un poco y mostrar levemente mis dientes. Quizás lo más importante es sentirlo desde adentro...desde el estómago, desde los pies, desde el cerebro: desde el corazón.

Sentir la vida correr junto a mí ¿O dentro de mí?

Amar. Cerrar los ojos y confiar. Abrir los ojos y sonreír. Cerrar los ojos y volar con el contacto. Abrir los ojos y viajar contigo.

Sí...cosas que no pasarán...


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