martes, 27 de noviembre de 2012
Recuerdos
El gusano inmortal y tacaño se nutre de mí ahora, de la miseria estoica de mi estómago y de las penumbras aterradoras de mis ojos. Vive, se arrastra con la elegancia de la venganza adentrándose fría y mortífera, se sonríe alegre y carcajea con naturalidad. Le siento gelatinoso y repulsivo en mi corazón. Decaigo y su figura engorda con curvas llenas de gula, blancura manchada de sangre que ya no reconozco como mía.
No sale y sólo se mueve contraído, revuelto en roña que llamo recuerdos y que invoco voluntariamente. No hay olvido, no hay perdón.
sábado, 10 de noviembre de 2012
Repetidas veces
Mis pesadillas son irreales, son hechos o lugares que no existen; son acciones no vistas e incoherencias imposibles. Nada existe ahí. Voces, gritos, palabras, rasguños...nada. El terror de la razón al despertar es lo que me dice esto.
Sin embargo se sienten así, aterradoras desde arriba, reales mientras mantengo los ojos cerrados y amenazadoras en el momento de su nacimiento.
Esta fue una pesadilla que se me repitió una semana entera y que ya no se va de mi cabeza. Era la altura, nauseas; eran las personas abajo. Era yo, sentada arriba intentando equilibrarme.
Tenía la boca encintada y sólo podía ver. Yo me había encintado la boca al subir y no recordaba mi decisión, no se me venía a la memoria el recuerdo concreto sino sólo el sabor a pegamento en mi lengua.
Era la altura, abrumadoramente exagerada. Me veía a mi misma pendiendo de cadenas. Veía abajo y no recordaba mi decisión sobre las cadenas, no entendía cómo despierta había tomado la determinación de colgarme en altura y amarrarme la boca para no gritar.
Sabía que esas cosas las había hecho despierta, con los ojos puestos en la luz y con la mirada en mi propia conciencia. Me había encerrado, aislado, encadenado y silenciado. En mi pesadilla lo sentía así, como la traición de la razón una vez más dentro de mis sueños.
Despertaba al cortar las cadenas. Era el golpe en el polvo, en el suelo helado, glacial. Era mi mandíbula rota, desparramada. Era mi cuerpo desarmado y el miedo circulando por mis venas libre...irreverentemente libre.
sábado, 3 de noviembre de 2012
Reconozco mi tierra
Reconozco esta tierra como mía. Polvo que habita en todo, que me construye; que nos desintegra. Sólo soy un retrato de luz y tierra, enmarcada y perfilada por destellos entre tumultos oscuros de barro moldeado. No soy nada, no somos nada. Y sin embargo nos reconocemos, nos miramos con ese conocimiento antiguo: esa misma materia que vuelve a surgir una y otra vez.
Esta es mi tierra. Colapsos continuos de memorias que no me pertenecen, recuerdos que se alojaron en las calles, entre los árboles, debajo de cimientos altos: debajo de la basura de la ciudad.
Ahí está mi origen, nuestro origen, en las voces que surgen del pasado. En el polvo que dejaron los cuerpos abatidos, felices, cansados y en paz. Corazones en paz que susurran desde el polvo y no los escuchamos porque sólo está ese sonido molesto, el ruido de motores, de gritos, cañerías y música moderna.
Concentrémonos en las vibraciones del suelo, debajo de la civilización y el ruido. Siente las voces del pasado, escúchalas....escúchalas.
jueves, 11 de octubre de 2012
Cosa
Pienso en la neutralidad, en aquella sensación de no querer ir hacia ningún lado; de no avanzar y no conocer nada más. Desearía saber lo que nunca sabré y olvidar aquello que sigue incomodandome, esas sensaciones que se traspasan año tras año en las mismas fechas/con las mismas ganas. Así es el asunto, no hay perdón y nohay razonamientos para estas cargas absurdas.
El nudo soy yo, siempre concluyo, no me desenredo y no me encuentro a mi misma. Misma historia repetida y aburrida...
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Mis Pinceles
Hoy tomé mis pinceles, se sintieron en mi palma como objetos extraños, como varillas de madera helada. Se quedaron ahí, juntos e intoxicados por mi puño cerrado. Los miré unos minutos, las manchas de pintura y los pelos desordenados de sus cabezas, el metal oxidado en algunos y la belleza única que puede tener ese objeto querido. Ahí estaban, silenciosos y con el polvo entre ellos.
Me sentí abandonada, alejada...frustrada. Ahí estaban sin uso y yo sin alma para pintar.
Los escondí una vez más, dentro de una tela, dentro de un cajón y una caja. Ahí quedaron, guardados esperandome y acá quedé yo, esperándolos también.
lunes, 3 de septiembre de 2012
Destrúyete
Soy mi reflejo,
blancucho y sin mascaras.
Así,
triste y transparente,
mostrando con mucha destreza
o con poco cinismo,
mi molestia:
sólo yo.
Y así transcuye este infimo segundo,
donde veo mis ojos negros
llenos de vidas que jamás viví
y de esta historia,
mis pensamientos que huyen,
que recorren otro mundo:
un lugar donde no existo...
no vivo.
miércoles, 22 de agosto de 2012
Alma
Todo cae al final.
Cuepos pesados que desfallecen invisibles
o simplemente gravedad agolpándose en nuestras cabezas.
El alma pesa demasiado, piensa mi cuerpo,
cae rendida a la tierra infinita
y no resiste más silencios absurdos.
Caemos, juntas,
como aquel abrazo fundido en hierro;
sin espacio, sin remordimiento,
sin perdón.
domingo, 19 de agosto de 2012
El arte es largo y el tiempo corto
Vergüenza, es ese
silencio amargo que se posa en mi garganta, de vivir supongo o de
mirar mi reflejo en las paredes luminosas. Abro mis ojos y los obligo
a mirar la caricatura absurda de mi misma en el espejo, rostro
tormentoso que guarda mis secretos.
Desvío mi mirada de
beldades que caminan a la luz del día, con fascinación observo el
fetiche destinado a la belleza de la gente. Algo bello es algo que no
es impuesto por nadie, lo particular, lo excepcional: es el rasgo
único de la costumbre visual. Percepción. Miro con mi sonrisa que
se esfuma, aquella que se torna amarga y sigo sin entender.
Observo sus rostros
armónicos, cabellos lacios o sus cuerpos proporcionados. Mantengo mi
sonrisa para escuchar el comentario. Lo bello no es sino promesa
de la felicidad, dijo una vez alguien con una verdad que ni los
poetas en su fundación se atrevieron a decir tan directamente. Lo
bello, lo sublime de aquel presente que todo hombre ve.
Veo y escucho de
mujeres hermosas, de presencias angelicales que crean pausas en las
realidades visuales de la ciudad. No me puedo sonreír ante el
fetiche a lo bello general, a quienes fueron musas de artistas que
jamás se adaptaron a la modernidad. Puedo mirar con alegría insana
hasta cierto punto y con profunda tristeza por el otro.
No todas las féminas
nacimos para inspirar, para ser musas de la belleza sublime ni
tampoco para ser observadas. Solitario papel juegan algunas, mirando
con angustia y vergüenza la admiración que se produce por otras;
admiración que invade a quienes quieren, a ese alguien que debiera
mirarlas como la belleza particular que son. Absurdos juegos de
palabras, absurdos presentes, absurda sociedad.
Quisiera hablar de mi
caso, pues al ser estas mis palabras, me es imposible no sentir
vergüenza. Lo reconozco, con el corazón contrito, pues como lo dije
al principio, el espejo para mí es una mala forma de mostrar mis
defectos. En cuanto me paro en frente me es imposible no pensar en
las musas renacentistas o en aquel brindis por la belleza que nunca
creí tener. No la tengo. Me es imposible, a su vez, que no me duela
escuchar o ver la admiración por lo general...por aquellas poesías
y múltiples expresiones de arte que nos han inculcado aquel gusto
monstruosamente recriminatorio de nuestros padres occidentales,
aquel parasitismo por las ideas ajenas.
Me detesto entonces,
porque no soy capaz de eliminar por completo esa parte de mí. Esos
recuerdos angustiosos donde me recriminaba, donde otros se burlaban
por mi falta de belleza clásica, por mi falta de belleza en
absoluto. Las palabras quedaron ahí, astillosas, recordándole al
reflejo de mi cara que aquellos rasgos jamás inspirarán nada, ni
siquiera un amor.
Y sin embargo
Baudelaire se mantiene en mí, con sus beldades poco convencionales y
con sus versos a la belleza moderna. Siguen sus palabras ahí,
dedicadas a una percepción que trasciende más allá de la vida
cotidiana en la ciudad. Ojos que vieron el mundo en otros colores,
que pintaron con pasión las curvas imperfectas de una mujer y
supieron ansiar el toque hermoso de un ser, de un individuo
particular a la vez...de aquella belleza pura que jamás podremos
describir.
El arte es largo y
el tiempo corto.
martes, 14 de agosto de 2012
Caras
Pienso historias de un mundo, de un sueño que no describo, de dolores que no han pasado. Pasados, tristes y finales, de personas que han estado ahí. Las caras de quienes me han hecho daño sólo es una, amorfa y perfecta. Es la misma sonrisa simplona y los mismos ojos altaneros, aquella mirada es exacta y todo se reduce a un solo par de ojos gigantes.
Recuerdo las voces de quienes jamás estuvieron en mí, risas muertas en bocas magulladas. Sonrisas que no aparecieron, fuerzas que se esfumaron antes de estirar los músculos. Es mi boca, mi sonrisa que jamás salió frente a esos ojos. Ira, rabia...frustración. Rabia.
Se repite todo, como un sucio Deja vu, como si el mismo recuerdo se devolviera una y otra vez. Mismo rostro mezclado que me insulta...que me recuerda mi posición. Supongo que son sus ojos, tan soberbios y altaneros, llenos de un placer extraño: el sabor agradable de no ser yo.
Ya no está el rostro, sólo es el mío, sólo son mis ojos y mi voz. Soy yo quien me insulta...
viernes, 10 de agosto de 2012
Está bien
Se postran los rostros cansados, somnolientos, de seres invisibles en los árboles. Sus pequeñas voces se silencian por unos instantes entre la oscuridad y el frío, se acurrucan entre matorrales y el viento gélido pasa por entre ellos. No tiemblan, no se despiertan, quedan quietos sus cuerpos como si de estatuas se tratase. No tiemblan...no despiertan.
Mueren, permutan en la noche inútil y renacen en la cordillera. Nuestra pared que delinea el cielo en el este, que intenta acunar la luna y alcanzar las estrellas. Es nieve, supongo, o una simple franja albina entre el cielo santiaguino y la tierra Chilena.
Luz. Amanecer. La vida vuelve a cubrir con luz azulada las cosas, blanca y azulada, y antes de pensarlo el ocre comienza a teñir las hojas. No ocre, dorado que no me deja mirar otra cosa. Dorado altanero. Luz perfecta que da forma a todo cuanto se esparció en la noche, tinieblas que formaban los cuerpos oscuros o cuerpos oscuros que no eran más que pesadillas al otro día.
El plumaje vuelve a ser diurno, el detalle de sus cabecillas diminutas y sin errores se deja ver entre aquel festín mañanero. Miran desde lo alto las casas, los departamentos y llegan más alto: cielo, claridad y finalmente sol. Sus alas se extienden y el sueño incumplido de todo humano está ahí, vuelan y cantan canciones que a mis oídos no es música, no es composición, es instinto: es un gemido por la vida.
lunes, 6 de agosto de 2012
Antonin Artaud — en "La Révolution Surréaliste", N° 2 (1925)
El mundo fisico todavía está allí. Es el parapeto del yo el que mira y sobre el cual ha quedado un pez color ocre rojizo, un pez hecho de aire seco, de una coagulación de agua que refluye.
Pero algo sucedió de golpe.
Nació una arborescencia quebradiza, con reflejos de frentes, gastados, y algo como un ombligo perfecto, pero vago y que tenía color de sangre aguada y por delante era una granada que derramaba también sangre mezclada con agua, que derramaba sangre cuyas líneas colgaban; y en esas líneas, círculos de senos trazados en la sangre del cerebro.
Pero el aire era como un vacío aspirante en el cual ese busto de mujer venía en el temblor general, en las sacudidas de ese mundo vítreo, que giraba en añicos de frentes, y sacudía su vegetación de columnas, sus nidadas de huevos, sus nudos en espiras, sus montañas mentales, sus frontones estupefactos. Y, en los frontones de las columnas, soles habían quedado aprisionados al azar, soles sostenidos por chorros de aire como si fueran huevos, y mi frente separaba esas columnas, y el aire en copos y los espejos de soles y las espiras nacientes, hacia la línea preciosa de los seno, y el hueco del ombligo, y el vientre que faltaba.
Pero todas las columnas pierden sus huevos, y en la ruptura de la línea de las columnas nacen huevos en ovarios, huevos en sexos invertidos.
La montaña está muerta, el aire esta eternamente muerto. En esta ruptura decisiva de un mundo, todos los ruidos están aprisionados en el hielo; y el esfuerzo de mi frente se ha congelado.
Pero bajo el hielo un ruido espantoso atravesado por capullos de fuego rodea el silencio del vientre desnudo y privado de hielo, y ascienden soles dados vuelta y que se miran, lunas negras, fuegos terrestres, trombas de leche.
La fría agitación de las columnas divide en dos mi espíritu, y yo toco el sexo mío, el sexo de lo bajo de mi alma, que surge como un triángulo en llamas.
lunes, 9 de julio de 2012
Algo extra
Mi cuerpo se mueve al ritmo del propio mundo. Siento cómo mi piel, mi carne y mis órganos se trasladan de un lugar a otro, al son de una lenta canción perfectamente diseñada para adormecer. Cierro mis ojos y la sensación de algo viviendo dentro de mis venas me atormenta; puedo sentir el líquido rojo traspasando cada centímetro de mi piel, llenándome de un sustancial vacío que termina en mi boca. Sabor a humanidad.
Muevo
mi lengua y pareciera ser que el mundo se moviera con ella, tan pesada y
abruptamente llena de un sabor indescriptible, casi imaginario...Las
vibraciones resuenan en mi mandíbula y mi cerebro colapsa. Todo se ve en grises y gemidos, todo se siente a esencias neutras de seres no creados.
Abro
mis ojos y las palpitaciones de mi corazón se sienten en todas partes,
como si poseyera tantos corazones como células. Todo vibra al son de aquella melodía interminable...
martes, 26 de junio de 2012
Miedo a estar solo
Estar
solo es lo peor que le puede suceder al ser humano, incluso al menor de
éstos. Los seres humanos son seres sociables, llenos de palabras para
expresar, de gestos y de sonrisas. Los seres humanos son seres creados
para amar y ser amados. Muy pocos entienden la importancia de las
personas a su alrededor, son tan soberbios que no agradecen la
existencia de otros seres.
Los
seres humanos si saben del terror de estar solos, pero no por toda la
eternidad, ni siquiera entienden este concepto. Me recorre un escalofrío cada vez que
pienso en aquel planeta.
Estudiar
a estos seres es un trabajo de siglos e introducirse en el mundo
interno de un ser humano es imposible. Nada puede traspasar aquella fina
tela que separa al hombre de la inmundicia en la cual vive.
Los
hombres son personas solitarias ya que sus pensamientos no se unen,
dado que sus corazones laten de forma dispar y debido a que sus
actitudes demuestran distintas cosas. Los seres humanos viven encerrados
en su burbuja de tal forma que logran escuchar al silencio y a la
soledad susurrando canciones para dormir.
No
logran ver nada, ni tampoco escucharse entre sí. Ellos viven día a día
representando una obra teatral. Representando su papel de “hombre que
escucha” o de “hombre que ve”, sonriéndose entre ellos y hablando temas
que cambiarán al mundo. Los hombres son unas pobres criaturas que tienen
oídos y no escuchan nada, que tienen ojos y no ven, que tienen ideas
pero no las dicen.
Es
de aquel modo como coexisten, de manera tan superficial que nadie logra
derrotar la soledad del otro, que nadie sale de su propia burbuja para
conocer a otro. Ellos detestan La Soledad, pero sobre aquello, ellos detestan estar solos consigo mismos.
Los
hombres tienen mente propia que les recuerda su propio aislamiento, que
imita el sonido del reloj y que tortura la conciencia. Ellos sienten
temblar sus cuerpos, sienten la falta de aire en sus pulmones y sienten
las lágrimas saliendo por sus ojos, pero también pueden sentir la
necesidad oculta de protegerse y de ocultar la verdad, y es por eso que
el resto deja de existir.
Ellos
son seres fríos, que no critican su propio ser o su raza, que no
abrazan al desvalido o que abren sus corazones. Los hombres se protegen y,
al protegerse, La Soledad les invade; junto con La Locura; junto con La Muerte; y junto con un sin fin de problemas que los hunden.
A
los hombres no les gusta estar solos y es por eso que muchos destrozan
su burbuja e intentan sentir el calor de quienes los rodean. Hay
incontables personas que destrozan su protección y se mantienen
expuestos a cuantiosos dolores, a excepción de La Soledad. Ellos sonríen y ven las cosas tal cual son.
El
resto de las criaturas miran aquella raza en decadencia, en donde cada
vez son menos lo que rompen su protección, y lloran por los hombres. Los
dioses lloran sobre el mundo al ver aquello.
Pero
hay hombres que son felices, se debe agregar. Hay hombres que saben de caridad y de
amor. Hay hombres que no están solos, que tienen a otros hombres a su
alrededor. Hay seres humanos tan gloriosos que la blancura brota desde
sus corazones, que sus sonrisas rompen las protecciones de otros
hombres.
lunes, 25 de junio de 2012
III
Dicen que los versos hablan vidas,
pues mi silencio es la estrofa favorita,
el tiempo intermedio en el compás,
aquella astilla enterrada,
el nudo tormentoso del recuerdo,
este dolor que no se me va...
Mi corazón agoniza entre las olas,
marginado se revuelca en el salar...
Rasga el papel con desesperación
¿Será acaso ésto una frase de humillación final?
Pues De verso en verso,
de lágrima en grito;
de llantos en saltos,
es un acertijo que ya no logré descifrar
—mis tiempos mal nacidos
o malnacida soy en el tiempo—
Dicen que los versos hablan vidas,
te lo digo, este es mi verso en tus oídos,
esta es mi lengua escondida,
estos son mis llantos perennes.
Este está es mi mudez, repito como siempre,
una inexistencia interrumpida,
sonidos de ángeles en oídos humanos:
Mi tristeza, sucia e indeseable,
gritos que no salen, palabras que no se escriben,
"socorros" que jamás se encendieron...
mi corazón encerrado en el vacío,
entre dos cuerpos unidos,
entre carnes que no se separarán jamás.
sábado, 23 de junio de 2012
Una conversación
Sentada como estoy, un tanto adolorida,
Todo pasa y La Nada se deleita.
Y La Tristeza ríe, tal y cual lo hace todo el mundo.
Sentada como estoy, lloro.
Llorando me encontré con mis ideas,
Me reencontré con ellas.
Tonta, me digo mi misma,
porque tonta soy.
Hoy siento que me falta algo más,
Algo más que tus labios sobre mi cuerpo,
Algo más que tus manos,
Te necesito a ti, completamente.
Sentada como estoy miro sin mirar,
Respiro y te siento aquí conmigo.
Hoy siento que me hace falta algo más que La Felicidad,
Me haces falta tú, tu cuerpo en mí,
Tú alma justo dentro de la mía.
Aunque mi cuerpo se diluya en la sal de la distancia
siempre estoy.
Soy el hombre que una vez,
hace un minuto, una paz
o algún milenio,
cabalgó sin respeto en tu cintura,
el que nunca se fue de tus mejillas,
el que juraba amarte y no te amaba
y reía de tu amor a tus espaldas.
Y cuando arrancaste de tus córneas telarañas
y lo viste,
y supiste de repente
que una lágrima, un secreto o un silencio
era mucho para él,
se fue de bruces
se le hicieron socavones en el alma
y se ató a tu piel como una lapa,
para estar en tu sed, en tu garganta,
en tus ansias, tus huellas
o el cadalso.
No fui tu paz, fui tu martirio
fui el cántaro añorado
del que sólo salía vino agrio.
Y volvería a tu lado si llamaras,
aunque sea un minuto,
aunque sea a ponerte
telarañas
en los pliegues de tu cama.
Y aún así me faltas, repito una vez más.
Me falta esa yaga perenne
Esa sonrisa socarrona,
Ese sonido,
Tu voz en mi silencio.
Soy estúpida, digo ahora,
con menos respeto hacia mí misma,
Con menos alma,
Con menos júbilo.
Si he puesto mi piel sobre tus manos,
Si he creado afonías de fruición,
Y con todo aquello,
He creado tu recuerdo,
Te he soñado mío,
Lo siento mucho,
Extraño mío.
Lo sé ahora,
¿Fuiste tú quién,
Famélicamente acariciaba mi boca
Y sin reproche alguno me llevabas
de ida pero no de vuelta a orión?
¿Fuiste tú, falsamente,
quien con descaro decía
“hasta pronto mi amor”?
Oh, pero te siento tan mío,
Tan profundamente de mi propiedad,
Tan dentro entre mi carne,
Atorado en un gemido justo en mi garganta,
O simplemente en mi respirar.
Me haces falta,
Digo finalmente,
Sin orgullo ni represión,
Y aun así no te llamo,
No te hablo ni te pienso…
Porque no quiero tu lástima,
No quiero tus pensamientos:
Sólo tu cuerpo en fricción con el mío,
Sólo ese enlace triste,
Triste y final...
Y sin embargo me fui antes,
cuando aún habitaba tus retinas,
cuando aún escuchaba tus jadeos
y en tu boca palpitaba.
Y guardaste mis contornos en la arena humedecida
antes que el mar previsible me tragara,
y en las copas de los árboles soplara mi recuerdo,
pues mi cuerpo entre tus brazos renacía.
Y mi espada cambió
las batallas por tu vaina,
mi espíritu en tu aroma halló su templo,
pero igual me salieron
golondrinas en las manos,
te di un beso fugaz mientras dormías,
cargué mis horizontes,
y abroquelo confines desde entonces. Y sin embargo no supe
hasta después de desojar mis ligaduras
que no quiero otros labios,
no quiero otro destino,
que me sobra el mundo y me falta tu presencia,
que la gloria y la alegría
de amanecer a tu lado
no la suplen ni los soles
ni más soles ni más soles
que se puedan repetir cuando los miro
solitario
Oh, amor mío, repito sin reprocharme ahora.
¿Qué final anterior fue el que nos unió en cuerpo y sangre?
¿Habrá sido aquella penetrante luz en tu interior,
O sólo el tacto dentro de mi alma?
¿Habrán sido los interminables finales explosivos,
donde tu alma y mi alma bailaban sin reclamo
Justo dentro de el farol?
No lo sé...
Sólo queda el recuerdo.
Te repito desde lejos
Y sólo en mis palabras estoy yo,
Sólo en estos versos te puedo mirar,
Te puedo tocar,
Te siento aquí,
O allá...
Te siento, digo en un ronroneo pacífico.
Dentro mío, agrego
En aquella caricia húmeda ...
*Voz masculina de Marcelo :)
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jueves, 31 de mayo de 2012
Un día en el andén
Yo no sé porqué sucedió, quizás por
un exceso de palabras mal dichas y por un exceso de control de
sentimientos en contra.
Hay días en que soy tan feliz, que
cuando llega la noche sé que es hora de volver al mismo problema de
siempre. Es en esos días de caída cuando me siento absolutamente
sin nada, como si lo segundo arrebatase mi felicidad y aquellas ideas
de plenitud no hubiesen existido jamás.
Eso me pasó hoy, cuando regresaba a
casa. Una llamada bastó para que volviese al mismo pozo de donde
había logrado escalar. Caí entre las paredes y golpeé mis brazos,
mis piernas ante la estreches de aquel lugar. Las piedras que
construyen aquel pozo, porque no hay otra figura física que pueda
definir mi lugar inicial, se van ampliando hasta el final, dejándome
inmovilizada en el agua fría. Conozco ese lugar, conozco esas
piedras que intento escalar cada vez, y conozco el dolor de la caída.
El agua se siente más fría cuando
vuelvo, como si el calor del sol me recordase que el subterráneo
oscuro al que caigo no es mi lugar. Lo sé ahora, pues antes sólo me
dedicaba a decir “no hace frío”, intentando sin fuerzas que mis
dientes no castañeasen y la desesperación no llegase tan rápido a
mi cuerpo—si lograba mantenerme en calma entonces podía flotar en
el agua días, meses o años sin ahogarme y aquel pensamiento lo era
todo. Contrólate y controlarás el frío.
Sentí que caí y sentí las nauseas
inevitables. Me senté en las sillas del andén del metro, esperando
el tren que me llevase a casa. Las ideas llegaban a mi cabeza, las
palabras dichas alborotaban mis lágrimas y sin siquiera planificarlo
comencé a llorar.
Aprendí que llorar fuerte y tendido
ante la idea del pozo no sirve de nada, es más simple dejar salir
lágrimas sin rostro de aflicción y sin desesperación.
Pero no pude hacerlo.
Lágrimas salieron y luego sollozos.
Intentaba cubrir aquella aflicción, pues bajar al pozo por la cuerda
es diferente a arrojarse hasta reventarse en el agua.
No me importó la caída, ni los
dolores que después vendrían, ni el resentimiento a volver a
sonreír. Sentí que era lo correcto en ese caso, pues la
satisfacción de volver a huir sería suficiente para mí. Muchas
veces me he mirado al espejo y he comprobado con renuencia que mi
rostro no refleja el alma turbada que llevo dentro, no refleja el
asco por la debilidad y la sumisión.
Quizás pasó más tiempo del que debía
y quizás mis miradas trémulas hacia el tren fueron interpretadas
del modo equivocado. No deseaba suicidarme. La muerte culposa es
indefinida, es certera y demasiado larga para mí. El suicidio dejó
de ser parte de mis planes desde hace años, pues aprendí que es
dormirse dentro del agua helada, congelándome ¿Qué parte buena
tiene ese plan comparado con la luz solar y el calor exterior?
Alguien se me acercó. Limpié mis ojos
y comprobé que era uno de los guardias del metro. Me volví a
limpiar los ojos e intenté ensayar mi mejor sonrisa de “estaré
bien”, mueca que se desfiguró en mi rostro y sólo quedó la
aflicción inicial.
—¿Puedo ayudarte?—me
preguntó la voz femenina mientras se sentaba al lado mío.
Yo la miré nuevamente e
intenté decir que ya estaba mejor, pero las palabras no se modularon
en mi boa y sólo salió un tartamudeo.
—¿Me puedo sentar?—dijo
ya sentada.
Me sonreí y aquel atisbo de
alivio me secó las lágrimas por un rato.
—Yo..yo voy ha estar
bien—murmuré, balbuceé, tartamudeé contra las lágrimas.
Sentí su mirada en mí, la
lástima terrible que debí darle y me sentí débil. Me recriminé,
¿Por qué no podía simplemente fortalecerme? Cada vez que terminaba
de escalar me juraba a mi misma que nada me haría volver, que nadie
me obligaría a entrar...y allí estaba nuevamente.
—Estuve viéndote por la
cámara de seguridad—comenzó diciendo—, que no paraste de llorar
en un buen rato—me dijo—. ¿Estás bien?
La miré con vergüenza,
como si hubiese hecho algo malo. Quizás me sonrojé de enojo contra
mi misma.
—Lo siento—dije
despacito, como ese tic maniaco de decir “lo siento” cuando algo
va mal por mi culpa.
—¿Quieres agua?—me
preguntó cambiando de tema.
—Preferiría quedarme en
el andén, me gusta mirar como pasan los trenes—le dije sin pensar
mucho que podía ser mal interpretada.
Me miró con las palabras en
los ojos, con el reproche que no salió de su boca. Las lágrimas
salían aun de mis ojos, sin querer mío pero sí con el de mi alma.
—Vamos—dijo mientras se
paraba con una sonrisa—, tomas agua y te devuelvo acá mismo.
Acepté, para que se diese
cuenta que no quería tirarme a la linea del tren...no estaba en mis
intenciones en lo absoluto. Me levanté y me mareé. Olvidé por un
segundo dónde estaba y quién tenía mi brazo, se sintió en el
paraíso. Caminé con ella en silencio hasta las escaleras.
—¿Qué pasó?—preguntó
cuando salimos a la boletería del metro. Yo bajé el rostro y mordí
mis labios más fuerte—si quieres puedes contarme, de vez en cuando
desahogarte con un desconocido es bueno—agregó mientras buscaba a
su jefe.
Me mordía los labios para
dejar de llorar, pues había gente arriba, mucha gente.
—¿Y qué te pasó,
niña?—me preguntó una voz masculina con cierto cariño y cuidado.
—Algunas problemas—dije
sin mucha lógica, como si las palabras no saliesen de mi boca.
—¿Problemas en la
universidad?—me dijo.
—También—le dije yo,
sin poder decir mucho más.
Hizo un ruido con su boca.
Un bufido.
—¿Cuántos años
tienes?—me preguntó.
—20—murmuré intentando
componer una sonrisa.
—¡Tan joven y con esa
carita de pena!—me dijo—tienes otros 40 años para estudiar,
trabajar y sacarte la cresta para mantenerte en esta vida—agregó
como consuelo.
Yo sólo lo miré y sonreí.
—Aparte, mañana es
viernes—dijo—. Sale con tus amigos, carretea un poco,
vive—sugirió y aquella idea me hizo pensar en mi casa.
No deseaba volver. La idea
de que fuese viernes me traía a la cabeza la depresión que siento
cada viernes en la noche, se me viene al recuerdo cada noche de
viernes que he pasado llorando (y en peores circunstancias) por algo
que no puedo controlar. Mi sonrisa se borró de nuevo y las lágrimas
comenzaron a aflorar. Bajé de mi rostro y mordí mis labios para no
sollozar.
Se dijeron algo entre ambos,
palabras que no quise escuchar.
—Vamos a tomar agüita—me
dijo la guardia mientras volvía a tomar mi brazo.
Subí las escaleras y llegué
a una puerta cerrada. Antes de entrar se detuvo.
—Hace 3 años que saqué
mi cuarto medio—me dijo—¿Cuántos años crees que tengo?—Me
preguntó con una sonrisa.
—¿Treinta y algo?—dudé
mirando su cara. Se veía sonriente.
—40 años—Contestó—.
Tomé muy malas decisiones en mi vida, pero en ningún momento me
rendí.
Y aquellas palabras se me
quedaron. Abrió la puerta entonces.
—Entra en éste—me dijo
mientras abría la segunda puerta—. Puedes tomar agua, llorar,
quedarte aquí hasta que te sientas mejor pero no cierres la puerta
con llave—agregó—. Estaré acá afuera cualquier cosa.
Un gran espejo cubría el
baño y evadí mi reflejo como siempre. Me senté en el piso y tiré
mi cartera a un lado. Me abracé y lloré como no lo hacía hace
años, desde los siete quizás, cuando los sollozos fuertes no me
importaban. No necesitaba de nada que ahogase el ruido, ni de la
preocupación de que alguien me oyese.
Al rato comencé a trazar mi
plan de escape. Cómo salir de aquel pozo, cómo dejar de sentir ese
frío terrible que se me colaba por la espalda. Las lágrimas
desaparecieron y me levanté.
Abrí la llave de agua y
tomé un poco, mojé mis ojos hinchados y entonces en ese momento me
decidí a mirarme al espejo. Supe que ese era el reflejo real de mi
alma. Recordé con tristeza el placer bizarro que sentía al verme
así, ¿dónde había quedado la auto compasión?
Salí del baño y ahí
estaba ella.
—Ya me siento mejor—le
dije con una sonrisa muy cierta.
—¿Viste? Te ves más
linda cuando sonríes—me dijo mientras salía y salíamos
nuevamente al caos de afuera.
Yo sólo sonreí y la seguí
entre la gente. Me dijo que la esperara en la entrada mientras le iba
a avisar a su jefe que iba a dejarme al andén de vuelta. Lo hizo y
abrió la puerta para encaminarme.
El andén estaba vacío, ni
si quiera una persona esperaba el metro. Me sonrió y comenzó a
hablarme de nuevo.
—Sabes, tengo una hija de
23 años. No quiso hacer la media y quedó embarazada. Se casó y
ahora vive arrepentida por sólo tener octavo básico—algo en su
voz me decía que la tristeza la invadía al hablar de su hija
mayor—Más encima, tengo una chica de 17, también quedó
embarazada—dijo con cierta frustración—. Cuando tenía tu edad
tuve a mi primera hija y me hubiese encantado poder darle lo mejor a
ella, haberle dicho que mi ejemplo no era el mejor...que no tenía
que tomar el camino fácil...
La miré y sentí que las
fuerzas de nuevo llegaban, quizás escalar no sería tan lento esta
vez.
—pero no me hizo caso. Las
decisiones fáciles tienen peores consecuencias, lo supe desde chica
y me hubiese encantado estar haciendo algo más que esto. Pero acá
estoy, esforzándome por seguir cada día.
Volví a mirarla y el andén
se acababa ya.
—Yo nací con este defecto
llorón—le dije sin tartamudear—, pero me esfuerzo por seguir
porque sé que no todo en la vida es lágrimas—agregué—. Y si mi
familia no me entiende, entonces quizás deba hacerme más fuerte y
aguantar—Y aquello último se quedó en mi cabeza.
El tren comenzaba a llegar y
la miré. Parecía ser alguien tan feliz. Quise decir qué era lo que
me problematizaba tanto, qué era lo que me hacía llorar, pero las
palabras no salieron...como no salen nunca.
El tren se detuvo y la miré
por última vez.
—Gracias—le dije con una
emoción que iba más allá de la gratitud por el agua.
—Cualquier cosa, ando por
acá—me dijo y se despidió de un beso.
Gracias repetí en mi cabeza
mirándola, como si algo de ella me hubiese dado la fuerza para
llegar a casa.
lunes, 28 de mayo de 2012
L'Irréparable
Pouvons-nous étouffer le vieux, le long Remords,
Qui vit, s'agite et se tortille
Et se nourrit de nous comme le ver des morts,
Comme du chêne la chenille?
Pouvons-nous étouffer l'implacable Remords?
Charles Baudelaire
domingo, 8 de abril de 2012
Ojos
Las manchas en mis ojos no son más que
pedazos de oscuridad poseyendo mi vista, defino ahora sin tapujo
alguno.
Las he contemplado hoy frente a un
espejo, segundos interminables en los cuales no dejaba de mirarlas e
incriminarlas en silencio. Pequeñas gotas oscuras de palabras no
dichas y de lágrimas que se secaron ahí, que se extinguieron al
nacer...mares muertos en cinismo premeditado.
Las veo ahora, arraigándose con fuerza
a mis dolores; pujan y pujan con sus pequeños filos;
extraen...extraen sin cuidado alguno las puertas, las cadenas, los
candados y cualquier seguro puesto ahí por mí, para mí. Les veo
entonces incitando mis llantos, presionando mis lagrimales y
carcomiendo mis párpados.
Siento el asco de la vida subiendo,
trepando por mis entrañas hasta llegar a la cumbre de los martirios,
la compuerta de toda alma marchita. Entonces mis ojos se rinden, mi
alma eleva un ruego mudo.
Lágrimas cálidas se deslizan por
entre mis párpados. La negrura de décadas continuas de dolor se
disuelven en goteos interminables, insaciables, en llantos
desgarradores que no concluyen en nada. Veo ahora en mis ojos la
blancura que debiera estar ahí, mi iris oscura y mi pupila dilatada.
Ahí está todo. Ya nada grita, ya nada mancha, ya nada existe ahí.
Mis ojos...
sábado, 24 de marzo de 2012
Yo
Mi comprensión de mundo es la nada que se posa en mis ojos al verte ahí, moviendo la boca y yo intentando decidirme entre leer tus labios o leer los subtítulos que aparecen de manera intencionada en tus movimientos. Cierro los ojos y me abruma pensar en si descubrir la mentira o descubrir la verdad...
sábado, 17 de marzo de 2012
Dorada
Bruñida es la eternidad que se derrite en los párpados,
justo sobre los lagrimales de los alientos celestiales,
entre mis ideales pragmáticos.
—Sueños de desavenencia,
dice mi sonrisa artera.
"Para la más bella" se lee en la piel luminosa de
la manzana
dorada y perpetua
— ¿Quién no quisiera ser descrita por los trovadores
como sublime e imperecedera?
Lo sé ahora, mientras mis ojos copulan con todos:
con las miradas ausentes
y hasta los choques teatrales
de vuestros ojos sobre los míos.
Yace ahora en sus corazones la discordia y la malicia,
sus orgullos se abultan al ver aquella fruta sobre la mesa,
lo sé,
les conozco, grandiosas deidades,
¿Quién será la más bella?
Extraviada del Jardín de las Hespérides,
justo debajo de sus ojos descansa la manzana:
Excelsa y perenne como el primer día de su noción.
viernes, 17 de febrero de 2012
Aún me atrevo a preguntar
¿Me quieres?
Supongo que no.
El silencio me lanza aquella negativa
que con decisión
mutila las yemas de mis falanges
-mis dedos, pienso distraídamente.
¿Dedos?
Pinceles manchados de tinta,
lineas que perfilan el camino que transité,
que recorrí una y otra vez sin cansancio,
sin temor ante el miedo de perder mi carne.
¿Me quisiste?
No.
Y la sal se acumula en mis ojos.
Arden, desaparecen
¡Ese es el fin:
dos pozos vacíos llenos de oscuridad,
nieblas terroríficas cubriéndolo todo!
Ojos que lo vieron todo,
que soñaron vida,
que te observaron por horas,
segundos que no terminaban ante tu mirada.
Sí, segundos eternos en los cuales
observé tus ojos;
la luz,
sin importar la ceguera,
sin importar no volver a ver nada más.
Y aún así te atreves a preguntarlo:
¿Qué si te quiero?
Te quiero siempre, amor.
Supongo que no.
El silencio me lanza aquella negativa
que con decisión
mutila las yemas de mis falanges
-mis dedos, pienso distraídamente.
¿Dedos?
Pinceles manchados de tinta,
lineas que perfilan el camino que transité,
que recorrí una y otra vez sin cansancio,
sin temor ante el miedo de perder mi carne.
¿Me quisiste?
No.
Y la sal se acumula en mis ojos.
Arden, desaparecen
¡Ese es el fin:
dos pozos vacíos llenos de oscuridad,
nieblas terroríficas cubriéndolo todo!
Ojos que lo vieron todo,
que soñaron vida,
que te observaron por horas,
segundos que no terminaban ante tu mirada.
Sí, segundos eternos en los cuales
observé tus ojos;
la luz,
sin importar la ceguera,
sin importar no volver a ver nada más.
Y aún así te atreves a preguntarlo:
¿Qué si te quiero?
Te quiero siempre, amor.
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Tristeza
lunes, 30 de enero de 2012
Perdonar
Quizás no deseo aquel silencio en el ambiente, que con aquella enigmática densidad me hace creer en mis temores y visualizar errores que ni siquiera yo debiese recordar.
¿Qué es todo aquello? La injusticia con que mi mente me juzga y me condena es impresionante. No me perdono y algunas veces la vida tampoco.
No puedo perdonar mis múltiples faltas, ni mis carencias, ni mis pensamientos malos, ni siquiera las acciones que pensé en cometer y que no hice. No sé perdonarme...quizás tampoco quiera hacerlo. Es más fácil no perdonarse, pienso algunas veces ya que de ese modo no tengo que vivir pensando que cometeré el mismo error. Sé que es insano, sé que terminará matando mi conciente y sé, en el fondo de mi corazón, que me desgastaré hasta quizás explotar.
Quizás perdirme perdón a mi misma es más dificil...es recordar cosas que están ya pegadas a mi corazón, adheridas y aceptadas.
No sé si quiera limpiar heridas que ya cerraron mal.
¿Qué es todo aquello? La injusticia con que mi mente me juzga y me condena es impresionante. No me perdono y algunas veces la vida tampoco.
No puedo perdonar mis múltiples faltas, ni mis carencias, ni mis pensamientos malos, ni siquiera las acciones que pensé en cometer y que no hice. No sé perdonarme...quizás tampoco quiera hacerlo. Es más fácil no perdonarse, pienso algunas veces ya que de ese modo no tengo que vivir pensando que cometeré el mismo error. Sé que es insano, sé que terminará matando mi conciente y sé, en el fondo de mi corazón, que me desgastaré hasta quizás explotar.
Quizás perdirme perdón a mi misma es más dificil...es recordar cosas que están ya pegadas a mi corazón, adheridas y aceptadas.
No sé si quiera limpiar heridas que ya cerraron mal.
miércoles, 25 de enero de 2012
Vomitar el alma
Vomitar el alma
Madrugada de un nuevo año, de las
vísperas de las decisiones a futuro, de el si o el no. Nuevo año y
aquí me encuentro. Viendo los segundos pasar y el cansancio
pegándose una vez en mi alma. Comienza el tiempo a correr una vez
más y sólo me pregunto cuánto tardaré esta vez en echarlo todo a
perder dentro mío.
Desde que tengo me memoria soy capaz de
razonar, de analizar cada pensamiento que se me aparece entre mis
pesadillas. Temía a la oscuridad, no podía dormir por las noches
pensando que algo negro se apoderaba del ambiente...ahora me doy
cuenta que lo es todo. La oscuridad, noche tras noche se fue pegando
a mi entrañas, entre mis párpados, en la punta de mis dedos, en mi
boca. Poco a poco puedo comprobar pequeñas manchas de inmundicia en
mi ser entero. Suciedad que pesa, que rasguña y quema; lo hace todo
a la vez sin reproche alguno, sin recibir quejas ni sobornos.
Temía a que me abandonaran, no podía
vivir pensando que la gente a mi alrededor desapareciera...pero ya lo
hace. El sentimiento de perdida fue genuino las primeras veces, lloré
sin consuelo alguno por mis primeras pérdidas. Incluso prometí no
aferrarme mucho a nada, no tener un principio y por ende no habría
final, pero no resultó. Sigo queriendo, sigo necesitando del
consuelo ajeno, sigo buscando ese afecto perfecto y es por aquella
razón que sigo perdiendo. Soy la desesperada de las palabras, las
que todo lo tuvo y todo lo perdió.
Solía sentir pánico cuando pequeña.
Muchas cosas me producían dolor: que mi madre me mirase con aquel
rostro de decepción y que mi padre llorase por mis culpas, producir
problemas, producir discusiones...quería cambiar todo lo malo que
estaba en mí, pero no lo logré. Sigo decepcionando a mis padres,
sigo produciendo problemas y discusiones. Y cuando comienzo a razonar
sobre lo que hice para mejorar aquella situación, me doy cuenta de
que no hice nada...que me quedé hundida en mí misma. Me duele y el
dolor me produce miedo, pánico porque no sé cuánto durará...cuánto
tardará en marcharse.
Cuando los años fueron pasando, sólo
fui capaz de hacerle frente al tiempo y decirle que me dé una
oportunidad y desde la primera vez que lo hice ya van 17 fallos y 18
nuevas peticiones al tiempo.
Deseo entonces, no vomitar esta alma.
Mi alma se envejece y muere, tras morir vienen las nauseas
inexplicables o, mejor dicho, la sensación de tener algo muerto
dentro mío. Y simplemente la disuelvo, primero con pequeños
espasmos de pensamientos suicidas abruptos y luego un torrente de
lágrimas que terminan por sacarlo todo afuera. En esos días no
siento nada, soy como un cadáver sin luz dentro, sin brillo en los
ojos...sin sombra siquiera.
Y entonces aparece nuevamente.
El tiempo me da la oportunidad una vez
más. Comienzo a respirar y a equivocarme una vez más. Muchos lo
llaman Depresión Mayor, yo lo llamo perder el alma.
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