martes, 26 de junio de 2012

Miedo a estar solo




Estar solo es lo peor que le puede suceder al ser humano, incluso al menor de éstos. Los seres humanos son seres sociables, llenos de palabras para expresar, de gestos y de sonrisas. Los seres humanos son seres creados para amar y ser amados. Muy pocos entienden la importancia de las personas a su alrededor, son tan soberbios que no agradecen la existencia de otros seres. 

Los seres humanos si saben del terror de estar solos, pero no por toda la eternidad, ni siquiera entienden este concepto. Me recorre un escalofrío cada vez que pienso en aquel planeta. 

Estudiar a estos seres es un trabajo de siglos e introducirse en el mundo interno de un ser humano es imposible. Nada puede traspasar aquella fina tela que separa al hombre de la inmundicia en la cual vive. 

Los hombres son personas solitarias ya que sus pensamientos no se unen, dado que sus corazones laten de forma dispar y debido a que sus actitudes demuestran distintas cosas. Los seres humanos viven encerrados en su burbuja de tal forma que logran escuchar al silencio y a la soledad susurrando canciones para dormir. 

No logran ver nada, ni tampoco escucharse entre sí. Ellos viven día a día representando una obra teatral. Representando su papel de “hombre que escucha” o de “hombre que ve”, sonriéndose entre ellos y hablando temas que cambiarán al mundo. Los hombres son unas pobres criaturas que tienen oídos y no escuchan nada, que tienen ojos y no ven, que tienen ideas pero no las dicen.

Es de aquel modo como coexisten, de manera tan superficial que nadie logra derrotar la soledad del otro, que nadie sale de su propia burbuja para conocer a otro. Ellos detestan La Soledad, pero sobre aquello, ellos detestan estar solos consigo mismos. 

Los hombres tienen mente propia que les recuerda su propio aislamiento, que imita el sonido del reloj y que tortura la conciencia. Ellos sienten temblar sus cuerpos, sienten la falta de aire en sus pulmones y sienten las lágrimas saliendo por sus ojos, pero también pueden sentir la necesidad oculta de protegerse y de ocultar la verdad, y es por eso que el resto deja de existir. 

Ellos son seres fríos, que no critican su propio ser o su raza, que no abrazan al desvalido o que abren sus corazones. Los hombres se protegen y, al protegerse, La Soledad les invade; junto con La Locura; junto con La Muerte; y junto con un sin fin de problemas que los hunden.

A los hombres no les gusta estar solos y es por eso que muchos destrozan su burbuja e intentan sentir el calor de quienes los rodean. Hay incontables personas que destrozan su protección y se mantienen expuestos a cuantiosos dolores, a excepción de La Soledad. Ellos sonríen y ven las cosas tal cual son. 

El resto de las criaturas miran aquella raza en decadencia, en donde cada vez son menos lo que rompen su protección, y lloran por los hombres. Los dioses lloran sobre el mundo al ver aquello.
Pero hay hombres que son felices, se debe agregar. Hay hombres que saben de caridad y de amor. Hay hombres que no están solos, que tienen a otros hombres a su alrededor. Hay seres humanos tan gloriosos que la blancura brota desde sus corazones, que sus sonrisas rompen las protecciones de otros hombres. 

Pero al final todo se extingue. Ellos desaparecerán y nosotros nos quedaremos solos nuevamente; nos quedaremos solos por la eternidad.

lunes, 25 de junio de 2012

III



Dicen que los versos hablan vidas,
pues mi silencio es la estrofa favorita,
el tiempo intermedio en el compás,
aquella astilla enterrada,
el nudo tormentoso del recuerdo,
este dolor que no se me va...

Mi corazón agoniza entre las olas,
marginado se revuelca en el salar...
Rasga el papel con desesperación
¿Será acaso ésto una frase de humillación final?
Pues De verso en verso,
de lágrima en grito;
de llantos en saltos,
es un acertijo que ya no logré descifrar
—mis tiempos mal nacidos
o malnacida soy en el tiempo—
Dicen que los versos hablan vidas,
te lo digo, este es mi verso en tus oídos,
esta es mi lengua escondida,
estos son mis llantos perennes.
Este está es mi mudez, repito como siempre,
una inexistencia interrumpida,
sonidos de ángeles en oídos humanos:
Mi tristeza, sucia e indeseable,
gritos que no salen, palabras que no se escriben,
"socorros" que jamás se encendieron...
mi corazón encerrado en el vacío,
entre dos cuerpos unidos,
entre carnes que no se separarán jamás.

sábado, 23 de junio de 2012

Una conversación












Sentada como estoy, un tanto adolorida,
Todo pasa y La Nada se deleita.
Y La Tristeza ríe, tal y cual lo hace todo el mundo.

Sentada como estoy, lloro.
Llorando me encontré con mis ideas,
Me reencontré con ellas.
Tonta, me digo mi misma,
porque tonta soy.

Hoy siento que me falta algo más,
Algo más que tus labios sobre mi cuerpo,
Algo más que tus manos,
Te necesito a ti, completamente.

Sentada como estoy miro sin mirar,
Respiro y te siento aquí conmigo.
Hoy siento que me hace falta algo más que La Felicidad,
Me haces falta tú, tu cuerpo en mí,
Tú alma justo dentro de la mía.





Aunque mi cuerpo se diluya en la sal de la distancia
siempre estoy.
Soy el hombre que una vez, 
hace un minuto, una paz 
o algún milenio, 
cabalgó sin respeto en tu cintura, 
el que nunca se fue de tus mejillas, 
el que juraba amarte y no te amaba 
y reía de tu amor a tus espaldas. 
Y cuando arrancaste de tus córneas telarañas 
y lo viste, 
y supiste de repente
que una lágrima, un secreto o un silencio
era mucho para él, 
se fue de bruces 
se le hicieron socavones en el alma 
y se ató a tu piel como una lapa, 
para estar en tu sed, en tu garganta, 
en tus ansias, tus huellas 
o el cadalso. 
No fui tu paz, fui tu martirio 
fui el cántaro añorado 
del que sólo salía vino agrio. 
Y volvería a tu lado si llamaras, 
aunque sea un minuto, 
aunque sea a ponerte 
telarañas 
en los pliegues de tu cama.










Y aún así me faltas, repito una vez más.
Me falta esa yaga perenne
Esa sonrisa socarrona,
Ese sonido,
Tu voz en mi silencio.
Soy estúpida, digo ahora,
con menos respeto hacia mí misma,
Con menos alma,
Con menos júbilo.
Si he puesto mi piel sobre tus manos,
Si he creado afonías de fruición,
Y con todo aquello,
He creado tu recuerdo,
Te he soñado mío,
Lo siento mucho,
Extraño mío.
Lo sé ahora,
¿Fuiste tú quién,
Famélicamente acariciaba mi boca
Y sin reproche alguno me llevabas
de ida pero no de vuelta a orión?
¿Fuiste tú, falsamente,
quien con descaro decía
“hasta pronto mi amor”?

Oh, pero te siento tan mío,
Tan profundamente de mi propiedad,
Tan dentro entre mi carne,
Atorado en un gemido justo en mi garganta,
O simplemente en mi respirar.
Me haces falta,
Digo finalmente,
Sin orgullo ni represión,
Y aun así no te llamo,
No te hablo ni te pienso…
Porque no quiero tu lástima,
No quiero tus pensamientos:
Sólo tu cuerpo en fricción con el mío,
Sólo ese enlace triste,
Triste y final...




Y sin embargo me fui antes,
cuando aún habitaba tus retinas,
cuando aún escuchaba tus jadeos 
y en tu boca palpitaba. 
Y guardaste mis contornos en la arena humedecida 
antes que el mar previsible me tragara, 
y en las copas de los árboles soplara mi recuerdo, 
pues mi cuerpo entre tus brazos renacía. 
Y mi espada cambió 
las batallas por tu vaina, 
mi espíritu en tu aroma halló su templo, 
pero igual me salieron 
golondrinas en las manos,
te di un beso fugaz mientras dormías,
cargué mis horizontes, 
y abroquelo confines desde entonces.  Y sin embargo no supe
hasta después de desojar mis ligaduras 
que no quiero otros labios, 
no quiero otro destino, 
que me sobra el mundo y me falta tu presencia, 
que la gloria y la alegría 
de amanecer a tu lado 
no la suplen ni los soles 
ni más soles ni más soles 
que se puedan repetir cuando los miro 
solitario 












Oh, amor mío, repito sin reprocharme ahora.
¿Qué final anterior fue el que nos unió en cuerpo y sangre?
¿Habrá sido aquella penetrante luz en tu interior,
O sólo el tacto dentro de mi alma?
¿Habrán sido los interminables finales explosivos,
donde tu alma y mi alma bailaban sin reclamo
Justo dentro de el farol?
No lo sé...
Sólo queda el recuerdo.
Te repito desde lejos
Y sólo en mis palabras estoy yo,
Sólo en estos versos te puedo mirar,
Te puedo tocar,
Te siento aquí,
O allá...
Te siento, digo en un ronroneo pacífico.
Dentro mío, agrego
En aquella caricia húmeda ...












*Voz masculina de Marcelo :)


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