miércoles, 22 de agosto de 2012

Alma



Todo cae al final.
Cuepos pesados que desfallecen invisibles
o simplemente gravedad agolpándose en nuestras cabezas.
El alma pesa demasiado, piensa mi cuerpo,
cae rendida a la tierra infinita
y no resiste más silencios absurdos.
Caemos, juntas,
como aquel abrazo fundido en hierro;
sin espacio, sin remordimiento,
sin perdón.

domingo, 19 de agosto de 2012

El arte es largo y el tiempo corto




Vergüenza, es ese silencio amargo que se posa en mi garganta, de vivir supongo o de mirar mi reflejo en las paredes luminosas. Abro mis ojos y los obligo a mirar la caricatura absurda de mi misma en el espejo, rostro tormentoso que guarda mis secretos.

Desvío mi mirada de beldades que caminan a la luz del día, con fascinación observo el fetiche destinado a la belleza de la gente. Algo bello es algo que no es impuesto por nadie, lo particular, lo excepcional: es el rasgo único de la costumbre visual. Percepción. Miro con mi sonrisa que se esfuma, aquella que se torna amarga y sigo sin entender.

Observo sus rostros armónicos, cabellos lacios o sus cuerpos proporcionados. Mantengo mi sonrisa para escuchar el comentario. Lo bello no es sino promesa de la felicidad, dijo una vez alguien con una verdad que ni los poetas en su fundación se atrevieron a decir tan directamente. Lo bello, lo sublime de aquel presente que todo hombre ve.

Veo y escucho de mujeres hermosas, de presencias angelicales que crean pausas en las realidades visuales de la ciudad. No me puedo sonreír ante el fetiche a lo bello general, a quienes fueron musas de artistas que jamás se adaptaron a la modernidad. Puedo mirar con alegría insana hasta cierto punto y con profunda tristeza por el otro.

No todas las féminas nacimos para inspirar, para ser musas de la belleza sublime ni tampoco para ser observadas. Solitario papel juegan algunas, mirando con angustia y vergüenza la admiración que se produce por otras; admiración que invade a quienes quieren, a ese alguien que debiera mirarlas como la belleza particular que son. Absurdos juegos de palabras, absurdos presentes, absurda sociedad.

Quisiera hablar de mi caso, pues al ser estas mis palabras, me es imposible no sentir vergüenza. Lo reconozco, con el corazón contrito, pues como lo dije al principio, el espejo para mí es una mala forma de mostrar mis defectos. En cuanto me paro en frente me es imposible no pensar en las musas renacentistas o en aquel brindis por la belleza que nunca creí tener. No la tengo. Me es imposible, a su vez, que no me duela escuchar o ver la admiración por lo general...por aquellas poesías y múltiples expresiones de arte que nos han inculcado aquel gusto monstruosamente recriminatorio de nuestros padres occidentales, aquel parasitismo por las ideas ajenas.

Me detesto entonces, porque no soy capaz de eliminar por completo esa parte de mí. Esos recuerdos angustiosos donde me recriminaba, donde otros se burlaban por mi falta de belleza clásica, por mi falta de belleza en absoluto. Las palabras quedaron ahí, astillosas, recordándole al reflejo de mi cara que aquellos rasgos jamás inspirarán nada, ni siquiera un amor.

Y sin embargo Baudelaire se mantiene en mí, con sus beldades poco convencionales y con sus versos a la belleza moderna. Siguen sus palabras ahí, dedicadas a una percepción que trasciende más allá de la vida cotidiana en la ciudad. Ojos que vieron el mundo en otros colores, que pintaron con pasión las curvas imperfectas de una mujer y supieron ansiar el toque hermoso de un ser, de un individuo particular a la vez...de aquella belleza pura que jamás podremos describir.

El arte es largo y el tiempo corto.

martes, 14 de agosto de 2012

Caras




Pienso historias de un mundo, de un sueño que no describo, de dolores que no han pasado. Pasados, tristes y finales, de personas que han estado ahí. Las caras de quienes me han hecho daño sólo es una, amorfa y perfecta. Es la misma sonrisa simplona y los mismos ojos altaneros, aquella mirada es exacta y todo se reduce a un solo par de ojos gigantes.

Recuerdo las voces de quienes jamás estuvieron en mí, risas muertas en bocas magulladas. Sonrisas que no aparecieron, fuerzas que se esfumaron antes de estirar los músculos. Es mi boca, mi sonrisa que jamás salió frente a esos ojos. Ira, rabia...frustración. Rabia.

Se repite todo, como un sucio Deja vu, como si el mismo recuerdo se devolviera una y otra vez. Mismo rostro mezclado que me insulta...que me recuerda mi posición. Supongo que son sus ojos, tan soberbios y altaneros, llenos de un placer extraño: el sabor agradable de no ser yo.

Ya no está el rostro, sólo es el mío, sólo son mis ojos y mi voz. Soy yo quien me insulta...

viernes, 10 de agosto de 2012

Está bien


Se postran los rostros cansados, somnolientos, de seres invisibles en los árboles. Sus pequeñas voces se silencian por unos instantes entre la oscuridad y el frío, se acurrucan entre matorrales y el viento gélido pasa por entre ellos. No tiemblan, no se despiertan, quedan quietos sus cuerpos como si de estatuas se tratase. No tiemblan...no despiertan.

Mueren, permutan en la noche inútil y renacen en la cordillera. Nuestra pared que delinea el cielo en el este, que intenta acunar la luna y alcanzar las estrellas. Es nieve, supongo, o una simple franja albina entre el cielo santiaguino y la tierra Chilena.

Luz. Amanecer. La vida vuelve a cubrir con luz azulada las cosas, blanca y azulada, y antes de pensarlo el ocre comienza a teñir las hojas. No ocre, dorado que no me deja mirar otra cosa. Dorado altanero. Luz perfecta que da forma a todo cuanto se esparció en la noche, tinieblas que formaban los cuerpos oscuros o cuerpos oscuros que no eran más que pesadillas al otro día.

El plumaje vuelve a ser diurno, el detalle de sus cabecillas diminutas y sin errores se deja ver entre aquel festín mañanero. Miran desde lo alto las casas, los departamentos y llegan más alto: cielo, claridad y finalmente sol. Sus alas se extienden y el sueño incumplido de todo humano está ahí, vuelan y cantan canciones que a mis oídos no es música, no es composición, es instinto: es un gemido por la vida.




lunes, 6 de agosto de 2012

Antonin Artaud — en "La Révolution Surréaliste", N° 2 (1925)






El mundo fisico todavía está allí. Es el parapeto del yo el que mira y sobre el cual ha quedado un pez color ocre rojizo, un pez hecho de aire seco, de una coagulación de agua que refluye.
Pero algo sucedió de golpe.
Nació una arborescencia quebradiza, con reflejos de frentes, gastados, y algo como un ombligo perfecto, pero vago y que tenía color de sangre aguada y por delante era una granada que derramaba también sangre mezclada con agua, que derramaba sangre cuyas líneas colgaban; y en esas líneas, círculos de senos trazados en la sangre del cerebro.
Pero el aire era como un vacío aspirante en el cual ese busto de mujer venía en el temblor general, en las sacudidas de ese mundo vítreo, que giraba en añicos de frentes, y sacudía su vegetación de columnas, sus nidadas de huevos, sus nudos en espiras, sus montañas mentales, sus frontones estupefactos. Y, en los frontones de las columnas, soles habían quedado aprisionados al azar, soles sostenidos por chorros de aire como si fueran huevos, y mi frente separaba esas columnas, y el aire en copos y los espejos de soles y las espiras nacientes, hacia la línea preciosa de los seno, y el hueco del ombligo, y el vientre que faltaba.
Pero todas las columnas pierden sus huevos, y en la ruptura de la línea de las columnas nacen huevos en ovarios, huevos en sexos invertidos.
La montaña está muerta, el aire esta eternamente muerto. En esta ruptura decisiva de un mundo, todos los ruidos están aprisionados en el hielo; y el esfuerzo de mi frente se ha congelado.
Pero bajo el hielo un ruido espantoso atravesado por capullos de fuego rodea el silencio del vientre desnudo y privado de hielo, y ascienden soles dados vuelta y que se miran, lunas negras, fuegos terrestres, trombas de leche.
La fría agitación de las columnas divide en dos mi espíritu, y yo toco el sexo mío, el sexo de lo bajo de mi alma, que surge como un triángulo en llamas.



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