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lunes, 6 de enero de 2014

Santiago


Me gusta el silencio, la falta de voces. Me agrada estar en el vacío, ese espacio sin sonido que me encapsula, me aparta. Puedo escuchar las voces dentro mío, los gritos de mi alma o los susurros reflexivos de mi mente. Soy feliz.

Ojalá pudiese andar por la ciudad temprano, cuando aún muchos duermen, o bien tarde en la noche, cuando los rezagados van a sus casas. En ambas ocasiones, cuando me subo al transporte que me lleva de vuelta, siento el indudable sentimiento de autocomplacencia. El farfullo de Santiago se queda atrás y mi alma vuelve a la tranquilidad.

Miro por la ventana y veo las calles vacías, indolentes, silenciosas. Me sonrío al pensar en la belleza que sale a partir de la falta de gente, incluso la basura luce bella tirada en alguna esquina de la calle. Los faroles rotos, las calles rayadas, las calles sucias, los autos e incluso el pasto. Todo pareciera sumirse en algo abstracto, en un sentimiento de abandono/triunfo.

No hay gente. Nadie grita, no se ve enojo, no hay malestar. Nadie me apretuja. Todo vuelve al ritmo pausado, va en son a los tambores naturales de la ciudad. Me sonrío al mirarme a mi misma, solitaria, tranquila, feliz.

Recito de memoria lo que se me ocurre en el momento, mi mente está despierta y, aun cuando mi cuerpo desee dormir, hay algo dentro de mí que renace en ese momento ¿La esperanza? ¿La convicción de algo que no veo? No lo sé.

Santiago me apetece sin gente, sin su ritmo poco convencional frenético, sin sus luces ni su mugre. Esta cuidad me gusta sin la violencia de las palabras, muda...abandonada.





sábado, 3 de noviembre de 2012

Reconozco mi tierra


Reconozco esta tierra como mía. Polvo que habita en todo, que me construye; que nos desintegra. Sólo soy un retrato de luz y tierra, enmarcada y perfilada por destellos entre tumultos oscuros de barro moldeado. No soy nada, no somos nada. Y sin embargo nos reconocemos, nos miramos con ese conocimiento antiguo: esa misma materia que vuelve a surgir una y otra vez.

Esta es mi tierra. Colapsos continuos de memorias que no me pertenecen, recuerdos que se alojaron en las calles, entre los árboles, debajo de cimientos altos: debajo de la basura de la ciudad.

Ahí está mi origen, nuestro origen, en las voces que surgen del pasado. En el polvo que dejaron los cuerpos abatidos, felices, cansados y en paz. Corazones en paz que susurran desde el polvo y no los escuchamos porque sólo está ese sonido molesto, el ruido de motores, de gritos, cañerías y música moderna.

Concentrémonos en las vibraciones del suelo, debajo de la civilización y el ruido. Siente las voces del pasado, escúchalas....escúchalas.


viernes, 10 de agosto de 2012

Está bien


Se postran los rostros cansados, somnolientos, de seres invisibles en los árboles. Sus pequeñas voces se silencian por unos instantes entre la oscuridad y el frío, se acurrucan entre matorrales y el viento gélido pasa por entre ellos. No tiemblan, no se despiertan, quedan quietos sus cuerpos como si de estatuas se tratase. No tiemblan...no despiertan.

Mueren, permutan en la noche inútil y renacen en la cordillera. Nuestra pared que delinea el cielo en el este, que intenta acunar la luna y alcanzar las estrellas. Es nieve, supongo, o una simple franja albina entre el cielo santiaguino y la tierra Chilena.

Luz. Amanecer. La vida vuelve a cubrir con luz azulada las cosas, blanca y azulada, y antes de pensarlo el ocre comienza a teñir las hojas. No ocre, dorado que no me deja mirar otra cosa. Dorado altanero. Luz perfecta que da forma a todo cuanto se esparció en la noche, tinieblas que formaban los cuerpos oscuros o cuerpos oscuros que no eran más que pesadillas al otro día.

El plumaje vuelve a ser diurno, el detalle de sus cabecillas diminutas y sin errores se deja ver entre aquel festín mañanero. Miran desde lo alto las casas, los departamentos y llegan más alto: cielo, claridad y finalmente sol. Sus alas se extienden y el sueño incumplido de todo humano está ahí, vuelan y cantan canciones que a mis oídos no es música, no es composición, es instinto: es un gemido por la vida.




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