martes, 5 de marzo de 2013

Prometer




Busca en su cuello una cadena perdida, quizás la piedra ámbar que solía descansar en el inicio de su esternón, la cadena opaca que limitaba su escote. Deja aquellos dedos esqueléticos posados en su cuello desnudo, protegiendo, abrigando la zona, se acerca más hacia el vacío.Jadea.
Cierra sus ojos un momento y el viento vuelve a danzar entre las hojas de los árboles, danza y canta con la celeridad de un allegro non molto que aturde una vez más su sentido de pertenencia. El viento moldea las finas hebras de hojas de una lado hacia el otro y el verdor varía, se opaca y se emblanquece ante el tacto invisible de soplidos matutinos.
Siente la frescura golpeando su vestido, moldeando con aire su cuerpo desnudo, marcando con detalle sus piernas y luego despeinando su pelo largo. Liviandad es lo que siente y sus pies se elevan hasta quedar en puntillas en el precipicio.
Respira profundo y descansa su cuerpo como un péndulo que se mueve con energías externas, hacia adelante y atrás tentando la suerte hasta el final. Abre sus ojos y se sonríe.
Vuelve a pasar la piedra parecida a resina por la cadena delgada, definida de manera detallada en su memoria, y nuevamente la cierra alrededor de su cuello.
Sólo lo haría una vez más, se prometió mientras sostenía su cordura amarilla entre dos dedos, sólo una más. 

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