sábado, 17 de marzo de 2012

Dorada




Bruñida es la eternidad que se derrite en los párpados,
justo sobre los lagrimales de los alientos celestiales,
entre mis ideales pragmáticos.
—Sueños de desavenencia, 
dice mi sonrisa artera.


"Para la más bella" se lee en la piel luminosa de la manzana
dorada y perpetua
— ¿Quién no quisiera ser descrita por los trovadores
como sublime e imperecedera?
Lo sé ahora, mientras mis ojos copulan con todos:
con las miradas ausentes
y hasta los choques teatrales
 de vuestros ojos sobre los míos.

Yace ahora en sus corazones la discordia y la malicia,
sus orgullos se abultan al ver aquella fruta sobre la mesa,
lo sé,
les conozco, grandiosas deidades,
¿Quién será la más bella?


Extraviada del Jardín de las Hespérides,
justo debajo de sus ojos descansa la manzana:
Excelsa y perenne como el primer día de su noción.





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