sábado, 23 de junio de 2012

Una conversación












Sentada como estoy, un tanto adolorida,
Todo pasa y La Nada se deleita.
Y La Tristeza ríe, tal y cual lo hace todo el mundo.

Sentada como estoy, lloro.
Llorando me encontré con mis ideas,
Me reencontré con ellas.
Tonta, me digo mi misma,
porque tonta soy.

Hoy siento que me falta algo más,
Algo más que tus labios sobre mi cuerpo,
Algo más que tus manos,
Te necesito a ti, completamente.

Sentada como estoy miro sin mirar,
Respiro y te siento aquí conmigo.
Hoy siento que me hace falta algo más que La Felicidad,
Me haces falta tú, tu cuerpo en mí,
Tú alma justo dentro de la mía.





Aunque mi cuerpo se diluya en la sal de la distancia
siempre estoy.
Soy el hombre que una vez, 
hace un minuto, una paz 
o algún milenio, 
cabalgó sin respeto en tu cintura, 
el que nunca se fue de tus mejillas, 
el que juraba amarte y no te amaba 
y reía de tu amor a tus espaldas. 
Y cuando arrancaste de tus córneas telarañas 
y lo viste, 
y supiste de repente
que una lágrima, un secreto o un silencio
era mucho para él, 
se fue de bruces 
se le hicieron socavones en el alma 
y se ató a tu piel como una lapa, 
para estar en tu sed, en tu garganta, 
en tus ansias, tus huellas 
o el cadalso. 
No fui tu paz, fui tu martirio 
fui el cántaro añorado 
del que sólo salía vino agrio. 
Y volvería a tu lado si llamaras, 
aunque sea un minuto, 
aunque sea a ponerte 
telarañas 
en los pliegues de tu cama.










Y aún así me faltas, repito una vez más.
Me falta esa yaga perenne
Esa sonrisa socarrona,
Ese sonido,
Tu voz en mi silencio.
Soy estúpida, digo ahora,
con menos respeto hacia mí misma,
Con menos alma,
Con menos júbilo.
Si he puesto mi piel sobre tus manos,
Si he creado afonías de fruición,
Y con todo aquello,
He creado tu recuerdo,
Te he soñado mío,
Lo siento mucho,
Extraño mío.
Lo sé ahora,
¿Fuiste tú quién,
Famélicamente acariciaba mi boca
Y sin reproche alguno me llevabas
de ida pero no de vuelta a orión?
¿Fuiste tú, falsamente,
quien con descaro decía
“hasta pronto mi amor”?

Oh, pero te siento tan mío,
Tan profundamente de mi propiedad,
Tan dentro entre mi carne,
Atorado en un gemido justo en mi garganta,
O simplemente en mi respirar.
Me haces falta,
Digo finalmente,
Sin orgullo ni represión,
Y aun así no te llamo,
No te hablo ni te pienso…
Porque no quiero tu lástima,
No quiero tus pensamientos:
Sólo tu cuerpo en fricción con el mío,
Sólo ese enlace triste,
Triste y final...




Y sin embargo me fui antes,
cuando aún habitaba tus retinas,
cuando aún escuchaba tus jadeos 
y en tu boca palpitaba. 
Y guardaste mis contornos en la arena humedecida 
antes que el mar previsible me tragara, 
y en las copas de los árboles soplara mi recuerdo, 
pues mi cuerpo entre tus brazos renacía. 
Y mi espada cambió 
las batallas por tu vaina, 
mi espíritu en tu aroma halló su templo, 
pero igual me salieron 
golondrinas en las manos,
te di un beso fugaz mientras dormías,
cargué mis horizontes, 
y abroquelo confines desde entonces.  Y sin embargo no supe
hasta después de desojar mis ligaduras 
que no quiero otros labios, 
no quiero otro destino, 
que me sobra el mundo y me falta tu presencia, 
que la gloria y la alegría 
de amanecer a tu lado 
no la suplen ni los soles 
ni más soles ni más soles 
que se puedan repetir cuando los miro 
solitario 












Oh, amor mío, repito sin reprocharme ahora.
¿Qué final anterior fue el que nos unió en cuerpo y sangre?
¿Habrá sido aquella penetrante luz en tu interior,
O sólo el tacto dentro de mi alma?
¿Habrán sido los interminables finales explosivos,
donde tu alma y mi alma bailaban sin reclamo
Justo dentro de el farol?
No lo sé...
Sólo queda el recuerdo.
Te repito desde lejos
Y sólo en mis palabras estoy yo,
Sólo en estos versos te puedo mirar,
Te puedo tocar,
Te siento aquí,
O allá...
Te siento, digo en un ronroneo pacífico.
Dentro mío, agrego
En aquella caricia húmeda ...












*Voz masculina de Marcelo :)


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