lunes, 2 de agosto de 2010

Los vi: tus ojos delineados suavemente por una tupida capa de pestañas rizadas, etéreas y perfectas. Dos pozos de pensamientos oscuros, llenos de La Nada y La Nada llenándolos a ellos. Dos círculos perfectos, eternos, llenos de sagacidades y de belleza.

Un brillo travieso natural resplandecía en ellos y pude verlos tan claros, precisos, que mi corazón se contuvo para no gritar; que mi boca silenció su sonrisa; que mi aliento se secó y mis ojos vieron por primera vez.

Una paz inundó mi cuerpo y alma. La seguridad plena de tu mirada fue suficiente: decidí ser quien deseas amar. 

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