Vomitar el alma
Madrugada de un nuevo año, de las
vísperas de las decisiones a futuro, de el si o el no. Nuevo año y
aquí me encuentro. Viendo los segundos pasar y el cansancio
pegándose una vez en mi alma. Comienza el tiempo a correr una vez
más y sólo me pregunto cuánto tardaré esta vez en echarlo todo a
perder dentro mío.
Desde que tengo me memoria soy capaz de
razonar, de analizar cada pensamiento que se me aparece entre mis
pesadillas. Temía a la oscuridad, no podía dormir por las noches
pensando que algo negro se apoderaba del ambiente...ahora me doy
cuenta que lo es todo. La oscuridad, noche tras noche se fue pegando
a mi entrañas, entre mis párpados, en la punta de mis dedos, en mi
boca. Poco a poco puedo comprobar pequeñas manchas de inmundicia en
mi ser entero. Suciedad que pesa, que rasguña y quema; lo hace todo
a la vez sin reproche alguno, sin recibir quejas ni sobornos.
Temía a que me abandonaran, no podía
vivir pensando que la gente a mi alrededor desapareciera...pero ya lo
hace. El sentimiento de perdida fue genuino las primeras veces, lloré
sin consuelo alguno por mis primeras pérdidas. Incluso prometí no
aferrarme mucho a nada, no tener un principio y por ende no habría
final, pero no resultó. Sigo queriendo, sigo necesitando del
consuelo ajeno, sigo buscando ese afecto perfecto y es por aquella
razón que sigo perdiendo. Soy la desesperada de las palabras, las
que todo lo tuvo y todo lo perdió.
Solía sentir pánico cuando pequeña.
Muchas cosas me producían dolor: que mi madre me mirase con aquel
rostro de decepción y que mi padre llorase por mis culpas, producir
problemas, producir discusiones...quería cambiar todo lo malo que
estaba en mí, pero no lo logré. Sigo decepcionando a mis padres,
sigo produciendo problemas y discusiones. Y cuando comienzo a razonar
sobre lo que hice para mejorar aquella situación, me doy cuenta de
que no hice nada...que me quedé hundida en mí misma. Me duele y el
dolor me produce miedo, pánico porque no sé cuánto durará...cuánto
tardará en marcharse.
Cuando los años fueron pasando, sólo
fui capaz de hacerle frente al tiempo y decirle que me dé una
oportunidad y desde la primera vez que lo hice ya van 17 fallos y 18
nuevas peticiones al tiempo.
Deseo entonces, no vomitar esta alma.
Mi alma se envejece y muere, tras morir vienen las nauseas
inexplicables o, mejor dicho, la sensación de tener algo muerto
dentro mío. Y simplemente la disuelvo, primero con pequeños
espasmos de pensamientos suicidas abruptos y luego un torrente de
lágrimas que terminan por sacarlo todo afuera. En esos días no
siento nada, soy como un cadáver sin luz dentro, sin brillo en los
ojos...sin sombra siquiera.
Y entonces aparece nuevamente.
El tiempo me da la oportunidad una vez
más. Comienzo a respirar y a equivocarme una vez más. Muchos lo
llaman Depresión Mayor, yo lo llamo perder el alma.

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