miércoles, 3 de abril de 2013

Una vez y otra




Se repite. El silencio abrumador que sentencia mis pensamientos al pitido angustioso de la vida, la vuelta a casa que comienza lentamente una vez más, las palabras y los agradecimientos, las mismas caras, los mismos gritos acusadores, las mismas sonrisas, yo misma sin cambios ni mutaciones. Se repite.

En esta blancura, negación de todo cuanto soy, me adormezco. Sumida en nutrir esta miseria, alimentando con secretismo la auto-compasión que mis ojos absorben y negando cualquier indicio de debilidad. No hay trizas en mi piel, no hay manchas en mis ojos...todo sigue inmutable. La vida corrompe mis venas y las intenta llenar del positivismo absurdo del cual me he aferrado siempre. Se fuerza en mi cara una sonrisa y vuelvo a buscar a la gente y vuelvo a confiar y, por supuesto, vuelvo a caer y vuelvo a esconderme una vez más.

¿Cuándo rendiré mi espíritu? El instinto de sobrevivencia sugiere que sea ahora, pero estas ganas irremediables de soñar se me arraigan y vuelvo a sufrir. Vuelven los tormentosos sueños donde la felicidad se me clava en el alma, en donde no estoy averiada...en donde esta tristeza replicada en mi sangre ya no existe.

Ríos de sangre tendrían que pasar, pasaron más bien, sin nada más que arrepentimiento.

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