lunes, 30 de enero de 2012

Perdonar

Quizás no deseo aquel silencio en el ambiente, que con aquella enigmática densidad me hace creer en mis temores y visualizar errores que ni siquiera yo debiese recordar.

¿Qué es todo aquello? La injusticia con que mi mente me juzga y me condena es impresionante. No me perdono y algunas veces la vida tampoco.

No puedo perdonar mis múltiples faltas, ni mis carencias, ni mis pensamientos malos, ni siquiera las acciones que pensé en cometer y que no hice. No sé perdonarme...quizás tampoco quiera hacerlo. Es más fácil no perdonarse, pienso algunas veces ya que de ese modo no tengo que vivir pensando que cometeré el mismo error. Sé que es insano, sé que terminará matando mi conciente y sé, en el fondo de mi corazón, que me desgastaré hasta quizás explotar.

Quizás perdirme perdón a mi misma es más dificil...es recordar cosas que están ya pegadas a mi corazón, adheridas y aceptadas.

No sé si quiera limpiar heridas que ya cerraron mal.

miércoles, 25 de enero de 2012

Vomitar el alma





Vomitar el alma



Madrugada de un nuevo año, de las vísperas de las decisiones a futuro, de el si o el no. Nuevo año y aquí me encuentro. Viendo los segundos pasar y el cansancio pegándose una vez en mi alma. Comienza el tiempo a correr una vez más y sólo me pregunto cuánto tardaré esta vez en echarlo todo a perder dentro mío.

Desde que tengo me memoria soy capaz de razonar, de analizar cada pensamiento que se me aparece entre mis pesadillas. Temía a la oscuridad, no podía dormir por las noches pensando que algo negro se apoderaba del ambiente...ahora me doy cuenta que lo es todo. La oscuridad, noche tras noche se fue pegando a mi entrañas, entre mis párpados, en la punta de mis dedos, en mi boca. Poco a poco puedo comprobar pequeñas manchas de inmundicia en mi ser entero. Suciedad que pesa, que rasguña y quema; lo hace todo a la vez sin reproche alguno, sin recibir quejas ni sobornos.

Temía a que me abandonaran, no podía vivir pensando que la gente a mi alrededor desapareciera...pero ya lo hace. El sentimiento de perdida fue genuino las primeras veces, lloré sin consuelo alguno por mis primeras pérdidas. Incluso prometí no aferrarme mucho a nada, no tener un principio y por ende no habría final, pero no resultó. Sigo queriendo, sigo necesitando del consuelo ajeno, sigo buscando ese afecto perfecto y es por aquella razón que sigo perdiendo. Soy la desesperada de las palabras, las que todo lo tuvo y todo lo perdió.

Solía sentir pánico cuando pequeña. Muchas cosas me producían dolor: que mi madre me mirase con aquel rostro de decepción y que mi padre llorase por mis culpas, producir problemas, producir discusiones...quería cambiar todo lo malo que estaba en mí, pero no lo logré. Sigo decepcionando a mis padres, sigo produciendo problemas y discusiones. Y cuando comienzo a razonar sobre lo que hice para mejorar aquella situación, me doy cuenta de que no hice nada...que me quedé hundida en mí misma. Me duele y el dolor me produce miedo, pánico porque no sé cuánto durará...cuánto tardará en marcharse.

Cuando los años fueron pasando, sólo fui capaz de hacerle frente al tiempo y decirle que me dé una oportunidad y desde la primera vez que lo hice ya van 17 fallos y 18 nuevas peticiones al tiempo.

Deseo entonces, no vomitar esta alma. Mi alma se envejece y muere, tras morir vienen las nauseas inexplicables o, mejor dicho, la sensación de tener algo muerto dentro mío. Y simplemente la disuelvo, primero con pequeños espasmos de pensamientos suicidas abruptos y luego un torrente de lágrimas que terminan por sacarlo todo afuera. En esos días no siento nada, soy como un cadáver sin luz dentro, sin brillo en los ojos...sin sombra siquiera.

Y entonces aparece nuevamente.

El tiempo me da la oportunidad una vez más. Comienzo a respirar y a equivocarme una vez más. Muchos lo llaman Depresión Mayor, yo lo llamo perder el alma.


lunes, 31 de octubre de 2011

Vacía


Finalmente la cama está vacía. No estoy dentro, ni tú tampoco. Mi alma, quizás un tanto inquieta, sale de mí: huye sin destino. Es agonía pura, me digo a mi misma ¡Qué espantosa soledad siente mi alma hoy!

Sólo quiero luz, sólo eso por hoy



miércoles, 12 de octubre de 2011

Ese sueño romántico que nunca fue...

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Y aunque nada existiese, aunque nadie sintiese...aun cuando todo fuese tan confuso y hostil, yo seguiría anhelando algo más allá de lo que me pueden dar, más allá de lo que alguien está dispuesto a dar. No quiero la humanidad, el raciocinio clarividente del humano.

No quiero frases, no quiero palabras, no quiero acciones: quiero pensamientos. Quiero estar dentro, entrelazada, profundamente adherida a una persona y que esa persona pudiese hacerme sentir suya. No quiero estar fuera nunca más, ni tampoco sobre...quiero estar en las entrañas, en la sangre, en cada célula ¡En cada respirar!

lunes, 3 de octubre de 2011

Pesadillas medianas



El sueño de la razón produce pesadillas, dijo Goya una vez.

El racionalismo desnuda la realidad a tal punto que encrudece todo lo potencialmente bueno de este planeta. Cada acción está razonada por pensamientos previos, por historias previas e incluso por impulsos previos. Todo está, maquiavélicamente predispuesto para nosotros.

El sueño de la razón trae a la vida a nuestros monstruos del pasado y a nuestras inquietudes del presente. Soñar el raciocinio puro es ver el miedo en primer plano, acercarse a él, temerlo y no salir corriendo; es oler y respirarlo y no cerrar los ojos.

No cerrar los ojos nunca y tener pesadillas con los ojos abiertos.

El sueño de la razón produce pesadillas y las pesadillas no son más que concentración de miedos e inseguridades que no logramos expresar a través de nada.

Tengo miedo a despertar y que nada haya sido verdadero, que las palabras dichas no sean ciertas y que los afectos creados sean ilusiones.

El sueño de la razón produce monstrous...
El sueño de la razón me produce a mí, a ti y a quién quiera serlo.



lunes, 12 de septiembre de 2011

Futuro



Algunas veces ni siquiera me detengo a pensar en el futuro, en qué piensa la gente a mi alrededor, en qué cosas estoy implicada. Sólo me dedico a vivir de manera placentera, recorriendo todo con la vista y alegrando mis sentidos con cosas simples.

Algunas veces ni siquiera estoy viva, ni siquiera me imagino como un ser viviente, más bien como un vestigio de algo que podría haber existido.Sólo quiero ser feliz, me digo muchas veces, y cuando lo soy tengo la extraña sensación de que no quiero que ese momento termine jamás.


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