martes, 27 de noviembre de 2012
Recuerdos
El gusano inmortal y tacaño se nutre de mí ahora, de la miseria estoica de mi estómago y de las penumbras aterradoras de mis ojos. Vive, se arrastra con la elegancia de la venganza adentrándose fría y mortífera, se sonríe alegre y carcajea con naturalidad. Le siento gelatinoso y repulsivo en mi corazón. Decaigo y su figura engorda con curvas llenas de gula, blancura manchada de sangre que ya no reconozco como mía.
No sale y sólo se mueve contraído, revuelto en roña que llamo recuerdos y que invoco voluntariamente. No hay olvido, no hay perdón.
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